11 Noviembre 2005
La incorporación de tierras para cultivar granos en el NOA se realiza por medio del desmonte, con la particularidad que debido a la fuerte demanda en lo últimos años para ejecutar proyectos, cada vez más se deben utilizar zonas que tienen menor calidad ambiental, con suelos de inferior calidad, extremas condiciones de temperaturas y evapotranspiración, lluvias irregulares y escasas y muy poca infraestructura de apoyo como caminos transitables, puestos de repuestos y gas-oil e insumos, comentó a LA GACETA Rural, Luis Ernesto Vicini, del INTA PRECOP.
En el NOA hubo ampliaciones sucesivas de la frontera agropecuaria, al ritmo de las fluctuaciones económicas de nuestro país, dijo. "En la década del 70 comenzó en el este de Tucumán, con dos ampliaciones posteriores en el 80 y una última en los 90; hoy Tucumán tiene su frontera agropecuaria colmada, es decir, no quedan tierras para incorporar al cultivo de granos, o son muy escasas", advirtió. Cuando Tucumán parecía ser el líder indiscutido en el NOA con la siembra de la soja, tomado como el cultivo de máxima expresión, irrumpió Salta y posteriormente Santiago del Estero. En la actualidad, Tucumán, tiene 260.000 hectáreas de soja; Salta 355.000 y Santiago del Estero pasa las 775.000, liderando el NOA que, en conjunto, y con un poco de maíz y de sorgo en verano y de trigo en invierno, se llega a 1,9 millón de hectáreas en producción de granos (NOA 2005). No hay que desconocer los cultivos regionales, como el poroto en Salta y el algodón en Santiago del Estero, que tienen una importancia indiscutida en la región.
"Con esta cantidad de hectáreas bajo cultivo, todo lo que se realizó mal desde el comienzo, o que se continúa realizando, como por ejemplo desmontes mal planificados, ocupación de suelos con severas limitaciones agronómicas, etc., hace que se manifiesten en nuestros días síntomas de ese mal manejo. observó. "Y como se trata de extensas áreas, con clima monzónico tropical o subtropical continental, seco en invierno y caluroso y húmedo en verano, el tiempo que tardan en cicatrizar los problemas, principalmente los de suelo, lleva décadas y no se retorna a la situación inicial", señaló.
Según Vicini, "Tucumán no pudo aprovechar desde el comienzo los beneficios de la siembra directa, porque no se practicaba cuando se inició el desmonte, o porque faltaban tecnologías de fertilización y manejo integrado de plagas, enfermedades y malezas, ya que en la primera incorporación de tierras se siguió un esquema tradicional de cultivo". Al aparecer -estimó el especialista- "ante las primeras alertas de erosión, se realizaron curvas de nivel, se utilizaron arados de cincel, se realizó un menor movimiento de suelos, etc. pero eso no bastó", reconoció, mientras que en Salta y en Santiago del Estero, gran parte de la superficie incorporada pasó directamente a siembra directa y con mayor criterio de manejo ecológico de las campos.
Adaptación
Vicini se reconoce defensor de las nuevas tecnologías. Considera que, racionalmente aplicadas, permitirán una utilización de tierras aún en zonas marginales, de acuerdo a su aptitud.
Estas tecnologías son la robótica, la informática, las comunicaciones, la biotecnología, las plantas resistentes a estrés hídrico, los combustibles alternativos, los plásticos biodegradables, la nanotecnología, etc, todas aplicadas al agro.
Las diferentes innovaciones se van incorporando a la vida diaria y son incorporadas tanto en el hogar, en las fábricas y el agro. Con la conjunción del conocimiento y de estas herramientas, se trata de "estabilizar" el ingreso neto de las empresas, que sea positivo en el tiempo y produciendo la menor contaminación ambiental posible. "La sustentabilidad, enfocada desde un concepto económico, exclusivamente, permite instalar proyectos a cualquier precio, mientras sean rentables en el tiempo; pero si nos basamos en un concepto social y ecológico, no tocaríamos una hectárea más, como pregonan las organizaciones ambientalistas. Pero si tomamos un criterio agronómico, implementaríamos proyectos equilibrados de acuerdo a la aptitud agroecológica de la zona", reflexionó Vicini. "Lo importante es que no haya supremacía de un criterio de sustentabilidad sobre otro, sino trabajar en el delgado límite del concepto social, económico y agronómico de la sustentabilidad, en equilibrio" concluyó.
En el NOA hubo ampliaciones sucesivas de la frontera agropecuaria, al ritmo de las fluctuaciones económicas de nuestro país, dijo. "En la década del 70 comenzó en el este de Tucumán, con dos ampliaciones posteriores en el 80 y una última en los 90; hoy Tucumán tiene su frontera agropecuaria colmada, es decir, no quedan tierras para incorporar al cultivo de granos, o son muy escasas", advirtió. Cuando Tucumán parecía ser el líder indiscutido en el NOA con la siembra de la soja, tomado como el cultivo de máxima expresión, irrumpió Salta y posteriormente Santiago del Estero. En la actualidad, Tucumán, tiene 260.000 hectáreas de soja; Salta 355.000 y Santiago del Estero pasa las 775.000, liderando el NOA que, en conjunto, y con un poco de maíz y de sorgo en verano y de trigo en invierno, se llega a 1,9 millón de hectáreas en producción de granos (NOA 2005). No hay que desconocer los cultivos regionales, como el poroto en Salta y el algodón en Santiago del Estero, que tienen una importancia indiscutida en la región.
"Con esta cantidad de hectáreas bajo cultivo, todo lo que se realizó mal desde el comienzo, o que se continúa realizando, como por ejemplo desmontes mal planificados, ocupación de suelos con severas limitaciones agronómicas, etc., hace que se manifiesten en nuestros días síntomas de ese mal manejo. observó. "Y como se trata de extensas áreas, con clima monzónico tropical o subtropical continental, seco en invierno y caluroso y húmedo en verano, el tiempo que tardan en cicatrizar los problemas, principalmente los de suelo, lleva décadas y no se retorna a la situación inicial", señaló.
Según Vicini, "Tucumán no pudo aprovechar desde el comienzo los beneficios de la siembra directa, porque no se practicaba cuando se inició el desmonte, o porque faltaban tecnologías de fertilización y manejo integrado de plagas, enfermedades y malezas, ya que en la primera incorporación de tierras se siguió un esquema tradicional de cultivo". Al aparecer -estimó el especialista- "ante las primeras alertas de erosión, se realizaron curvas de nivel, se utilizaron arados de cincel, se realizó un menor movimiento de suelos, etc. pero eso no bastó", reconoció, mientras que en Salta y en Santiago del Estero, gran parte de la superficie incorporada pasó directamente a siembra directa y con mayor criterio de manejo ecológico de las campos.
Adaptación
Vicini se reconoce defensor de las nuevas tecnologías. Considera que, racionalmente aplicadas, permitirán una utilización de tierras aún en zonas marginales, de acuerdo a su aptitud.
Estas tecnologías son la robótica, la informática, las comunicaciones, la biotecnología, las plantas resistentes a estrés hídrico, los combustibles alternativos, los plásticos biodegradables, la nanotecnología, etc, todas aplicadas al agro.
Las diferentes innovaciones se van incorporando a la vida diaria y son incorporadas tanto en el hogar, en las fábricas y el agro. Con la conjunción del conocimiento y de estas herramientas, se trata de "estabilizar" el ingreso neto de las empresas, que sea positivo en el tiempo y produciendo la menor contaminación ambiental posible. "La sustentabilidad, enfocada desde un concepto económico, exclusivamente, permite instalar proyectos a cualquier precio, mientras sean rentables en el tiempo; pero si nos basamos en un concepto social y ecológico, no tocaríamos una hectárea más, como pregonan las organizaciones ambientalistas. Pero si tomamos un criterio agronómico, implementaríamos proyectos equilibrados de acuerdo a la aptitud agroecológica de la zona", reflexionó Vicini. "Lo importante es que no haya supremacía de un criterio de sustentabilidad sobre otro, sino trabajar en el delgado límite del concepto social, económico y agronómico de la sustentabilidad, en equilibrio" concluyó.






















