Hay que salvar al pequeño productor

Panorama rural por Gustavo Frías Silva. En los últimos 20 años el número de minifundistas se redujo drásticamente, según el censo 2002. El campo está despoblándose.

23 Diciembre 2005
Si comparamos los datos del último censo nacional agropecuario (2002) con el realizado en 1988, se puede ver a las claras la tendencia que hubo en las dos últimas décadas respecto de la conformación de la población agroproductiva del país y en especial de Tucumán.
El despoblamiento del campo por parte del pequeño y mediano productor demuestra que la situación económica de esta franja productiva no fue buena debido a numerosos factores sociales, económicos, técnicos y productivos.
En la provincia existían 19.000 productores agropecuarios, según los datos del censo de 1988 y se redujeron drásticamente a casi 9.700 en 2002.
En el censo de la década que estamos viviendo muestra una concentración fuerte de las explotaciones a manos de unos pocos y grandes productores, lo que da por seguro que existió un fuerte aditamento socio económico que hizo que se afianzaran las economías de escala grandes.
La desaparición de pequeños y medianos productores tiene su razón en que no tuvieron la oportunidad de poder adecuarse y moldearse a las nuevas reglas de juego de la economía mundial y por ende nacional.
La baja de los precios de los productos en el mercado internacional y local, el aumento de los costos de producción, ya sea por insumos y mano de obra y la falta de acceso a tecnología y créditos, hizo que en poco tiempo los pequeños y medianos productores vendan sus tierras a otros más grandes y fuertes.
Hoy, para evitar que esta situación no avance, se pusieron en marcha esfuerzos -a través de diferentes programas y proyectos- en procura de que el pequeño y mediano productor continúe con la actividad productiva que viene desarrollando desde hace muchos años. En ese sentido, instituciones nacionales y provinciales de investigación, experimentación y transferencia de tecnología se encuentran abocados en forma permanente a brindar a los productores las herramientas necesarias para que sus sistemas productivos se mantengan.Decir INTA, Proinder, Prodernoa, PSA, EEAOC y otras numerosas instituciones y programas es sinónimo de que se está trabajando para lograr el afianzamiento de los productores en sus zonas de trabajo. Pero a esto no basta. Debe sumarse la tecnología y la transferencia de diferentes sistemas de producción investigados y adaptados a distintas situaciones.
Las obras de infraestructura rural es un aporte que se debe apoyarse con la concreción de planes de riego, caminos, energía eléctrica, agua potable, escuelas y viviendas en los diferentes lugares de producción del país y de la provincia.La idea es brindarle al pequeño y mediano productor todas las herramientas básicas necesarias para que se afinque en su lugar de trabajo y no se desprenda de sus tierras. Porque en definitiva, al emigrar pasa a engrosar los asentamientos de las grandes ciudades.Ejemplos sobran en provincias como Mendoza, San Juan Buenos Aires y Córdoba. donde el trabajo es mancomunado y sostenible en el tiempo, entre instituciones oficiales y privadas, dedicadas al campo en lo concerniente al desarrollo tecnológico y de investigación.
En Tucumán debe destacarse la nueva modalidad, por parte de la EEAOC, en extensión, transferencia de tecnología e información de mercados a pequeños y medianos productores de hortalizas, frutilla y papa semilla, a través del accionar del PROSAP, en el Valle de Tafí. 
Estos productores, que venían trabajando en condiciones de muy baja eficiencia en el riego, sin tecnologías adecuadas tanto en lo agronómico como en la conservación del recurso y, fundamentalmente, sin conocimiento ni relación con los mercados, hoy tienen suficientes herramientas como para lograr una sustancial mejora de su situación económica. De esta manera, se afianza el desarrollo de sus explotaciones.Ello incide en el aumento importante de sus ingresos y una mejora de la calidad de vida del pequeño y mediano productor, haciendo que este pueda continuar explotando sus tierras y quedandose en el campo.
Pero, como ya se dijo, hay que afianzar en el tiempo la implementación de estos sistemas de apoyos al productor para lograr la autonomía productiva del hombre de campoPor ello seria muy importante que todos los factores intervinientes en este proyecto pusieran el énfasis en estas actividades para que puedan seguir ejecutándose, más allá de la finalización del financiamiento PROSAP en el área de Tafí del Valle. Además, sería fundamental que se extendiera este accionar a otras zonas de productores con similares necesidades y carencias. Este es un buen ejemplo y debe ser imitado.

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