Sin reglas de juego claras no llegarán inversores

Panorama rural por Ernesto José Caram. El desarrollo de nuevos emprendimientos productivos en la provincia depende del grado de confianza que inspire el Gobierno. La presión tributaria no ayuda en este sentido.

30 Diciembre 2005

Está claro que cuanto mayor es la presión fiscal por parte de un Estado menores serán las posibilidades de esa región de recibir inversiones, ya sean tanto foráneas como locales. Lo mismo sucede cuando las autoridades modifican permanentemente las leyes o esquivan en forma constante la Constitución Nacional.
Ningún empresario está dispuesto a invertir en una región donde sus autoridades constituidas tienen "como última alternativa" modificar las reglas de juego, y quedar expuestos a la desprotección de sus inversiones en los próximos años.
Entre los ejemplos se puede citar a la iniciativa de reformar un código tributario para incrementar los impuestos y tasas y recaudar más para solventar los mayores gastos. Este aspecto tan desconcertante como negativo, que puede trasladarse a otras acciones de gobiernos, lleva a que cada vez sean menos los inversores que lleguen a una región para desarrollar nuevos emprendimientos productivos.
Y eso es lo que pasa precisamente en Tucumán. Las reglas de juego son tan volátiles que a la hora de asumir algún riesgo económico las dudas son numerosas. Pero la incertidumbre toma mayor cuerpo cuando se piensa invertir en el campo, donde al proyecto además hay que sumarle los lógicos vaivenes del clima, muchas veces tan difíciles de predecir, como la decisiones políticas de los gobiernos de turno.
En un reciente informe de la consultora Economía & Regiones se identifica a sólo cuatro jurisdicciones del país como concentradoras prácticamente del 70% de las inversiones productivas: Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe y Córdoba. Ellas son las regiones preferidas por los inversores.
Tucumán no figura en esas preferencias. En aquellas provincias donde el financiamiento es básicamente privado se dan las mejores condiciones para producir, ya que este concepto es el resultado de la conjunción de distintos factores: estabilidad política; cercanía a los puertos; mayores núcleos urbanos; mayor poder adquisitivo de la población; mejor escolarización, entre otros. Si le sumamos a este grupo la provincia de Mendoza, el 75% de las nuevas inversiones se concentran en este puñado de Estados.
Y eso va de la mano del último diagnóstico al que arribaron los profesionales de la Asociación Argentina de los Consorcios Regionales de Experimentaciones Agropecuarias (Aacrea), que puso al descubierto la situación de pobreza y de marginalidad que persiste entre la población rural en el NOA, donde se destaca una deficiente atención de la salud y de la educación de su población.
Aacrea sostiene que la Argentina presenta una fuerte inequidad en las condiciones de vida de sus habitantes rurales. Las provincias del Norte -Tucumán, entre ellas-, son las más desfavorecidas. En las regiones rurales, por tratarse de una importante fuente de productividad, empleo y de generación de riquezas, su desarrollo es fundamental para el bienestar nacional.
A pesar de esta verdad irrefutable, el gobierno tucumano mantiene a sus zonas rurales en una situación de falta permanente de inversiones en infraestructura y en sus sistema de salud y de educación, tal como es el déficit que se registra en los estudios. El trabajo de Aacrea menciona, por ejemplo, que la mitad de la población rural del NOA habita en viviendas construidas con desecho. El trabajo de la entidad analizó también otros índices que ponen en evidencia los fuertes desafíos que el sector agropecuario, y el país en su conjunto, tienen por delante.
En este sentido, se cuantificó que el 67% de los pobladores rurales de la Argentina no posee cobertura médica. Por último, se puntualizó que el 73% de las escuelas de EGB 1 y 2 del NOA son rurales. Del total, el 30% cuenta con un solo docente que debe atender a todos los alumnos.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 45% de la población de Argentina es rural. Además, las zonas rurales marginales, con bajas densidades demográficas, se caracterizan por estar a una gran distancia de los principales mercados y por tener un pobre ambiente agro-ecológico, con su consecuente impedimento para acceder a una opción de trabajo como puede ser la producción primaria. Con este diagnóstico, que muestra a las claras la pobreza de oportunidades o de inversiones productivas, por un lado, y la falta de inversiones estatales en materia de infraestructura en áreas rurales, por el otro, queda poco por decir. El esfuerzo, entonces, tiene que apuntar al gran objetivo que es revertir esta situación, y lo antes posible. La tarea no es fácil, por eso el compromiso debemos asumirlos todos, cada uno desde su lugar, o estaremos condenados a pagar de por vida, la hipoteca de nuestro futuro.

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