20 Enero 2006
La materia orgánica, definida como una mezcla compleja y variada de sustancias orgánicas, desempeña un importante papel en los suelos agrícolas. Representa, también, un componente dinámico que ejerce una influencia dominante en muchas propiedades, como la estructuración, la provisión de nutrientes y la aireación de los suelos.
En un estudio realizado por los docentes e investigadores de la cátedra de Edafología de la UNT, Roberto Corbella, José García, Gerardo Sanzano y Adriana Plasencia, se sostiene que la principal fuente de materia orgánica en los sistemas agrícolas, la constituyen los rastrojos de los distintos cultivos. Es por ello importante remarcar la necesidad de una secuencia o rotación de cultivos para que un sistema productivo sea sustentable.
El comportamiento del carbono orgánico se puede caracterizar a través del fraccionamiento. Así se explica, en parte, la variabilidad de la materia frente al sistema de manejo establecido. Las diversas fracciones que constituyen la materia orgánica son susceptibles a distintos grados de degradación, distinguiéndose dos compartimentos principales: el estable y el lábil. Este último abarca principalmente la fracción liviana del material vegetal, que comprende los residuos orgánicos no descompuestos completamente. Puede, además, ser un indicador sensible de los efectos de las prácticas de manejo sobre la materia orgánica. Esta fracción es delimitada por tamaños de tamices de entre 2 mm y 250 µm y cumple un rol destacado en la nutrición y la estabilidad estructural del suelo.
El compartimento estable, en tanto, es un material consolidado difícilmente atacado por los microorganismos del suelo. Se define como la fracción de la materia orgánica del suelo asociada a la fracción mineral (limos y arcillas) y es determinada por la fracción por debajo de los 53 µm. Para estudiar los contenidos de carbono orgánico entre las fracciones de 2 mm a 250 µm; de 250 µm a 53 µm y menores de 53 µm se tomaron muestras de suelos en las profundidades 0-2,5 cm; 2,5 a 5 cm; 5 a 10 cm y de 10 a 20 cm. Se consideró, también, la merma de los contenidos de materia orgánica en profundidad.
El objetivo del informe fue evaluar y comparar las diferentes fracciones de carbono orgánico (COP) hasta los primeros 20 cm de suelo. Se trabajó sobre una secuencia trigo-soja en suelos bajo siembra directa (SD), con y sin laboreo convencional (LC) como predecesor, comparándola con la situación del monte natural (MN) en el este tucumano.
Los resultados indican que, en el monte natural, con permanente incorporación de los residuos vegetales, se registraron los mayores aportes de carbono (COP). Estos contenidos están íntimamente ligados a la fracción lábil del carbono del suelo, cuyas funciones principales son la liberación de nutrientes al medio en un proceso de rápida mineralización; y la mejora de la estabilidad estructural de los suelos a través de la liberación al medio de sustancias ricas en hidratos de carbono, producidas por los vegetales y por la actividad microbiológica. Como resultado, se puede decir que la alta estabilidad estructural asociada a una buena porosidad en los suelos, permite la buena circulación de aire y de agua, un buen desarrollo radicular y la máxima expresión de la actividad de la mesofauna (lombrices) y de la microflora (hongos, bacterias) del suelo.
En los campos cultivados con más de 10 años de SD y cuyo antecesor fue LC; el carbono constituyó uno de los elementos más susceptibles a perderse por el movimiento de suelo, debido a una aceleración en el proceso de mineralización del mismo. Se produjeron pérdidas del orden del 40% del COP de 2 mm y mayores a 53 µm en los primeros 2,5 cm superficiales de suelo; de un 50% entre 2,5 y 5 cm; de un 38% entre 5 y 10 cm; y de un 17% entre 10 y 20 cm.
Las pérdidas de COP en el campo cultivado con 10 años de SD fueron menores (del orden del 28% del COP de 2 mm y mayores a 53 µm en los primeros 2,5 cm superficiales de suelo). Existió una correlación positiva entre la agresividad del sistema empleado en el movimiento de suelo y las pérdidas de COP.
Hubo diferencias significativas para la situación de MN respecto a SD-LC. Similar tendencia se manifestó para COP mayores a 53 µm con un alto valor de correlación. Existiendo diferencias significativas para la situación de MN respecto a SD-LC. En cuanto a las variaciones del COP menores a 53 µm, la tendencia se revierte.
Sin lugar a dudas, las formas de manejo agrícola incrementaron significativamente los contenidos de COP en partículas de suelo más pequeñas y, sobre todo, en aquel manejo donde desde un primer momento se produjeron movimientos del suelo que alteraron la macroagregación y favorecieron la generación de un sistema poroso más uniforme en los primeros 20 cm de suelo, pero con mayor tendencia al predominio de la microporosidad. Así, se produce una unión más íntima entre las fracciones de carbono y las partículas del suelo.
En un estudio realizado por los docentes e investigadores de la cátedra de Edafología de la UNT, Roberto Corbella, José García, Gerardo Sanzano y Adriana Plasencia, se sostiene que la principal fuente de materia orgánica en los sistemas agrícolas, la constituyen los rastrojos de los distintos cultivos. Es por ello importante remarcar la necesidad de una secuencia o rotación de cultivos para que un sistema productivo sea sustentable.
El comportamiento del carbono orgánico se puede caracterizar a través del fraccionamiento. Así se explica, en parte, la variabilidad de la materia frente al sistema de manejo establecido. Las diversas fracciones que constituyen la materia orgánica son susceptibles a distintos grados de degradación, distinguiéndose dos compartimentos principales: el estable y el lábil. Este último abarca principalmente la fracción liviana del material vegetal, que comprende los residuos orgánicos no descompuestos completamente. Puede, además, ser un indicador sensible de los efectos de las prácticas de manejo sobre la materia orgánica. Esta fracción es delimitada por tamaños de tamices de entre 2 mm y 250 µm y cumple un rol destacado en la nutrición y la estabilidad estructural del suelo.
El compartimento estable, en tanto, es un material consolidado difícilmente atacado por los microorganismos del suelo. Se define como la fracción de la materia orgánica del suelo asociada a la fracción mineral (limos y arcillas) y es determinada por la fracción por debajo de los 53 µm. Para estudiar los contenidos de carbono orgánico entre las fracciones de 2 mm a 250 µm; de 250 µm a 53 µm y menores de 53 µm se tomaron muestras de suelos en las profundidades 0-2,5 cm; 2,5 a 5 cm; 5 a 10 cm y de 10 a 20 cm. Se consideró, también, la merma de los contenidos de materia orgánica en profundidad.
El objetivo del informe fue evaluar y comparar las diferentes fracciones de carbono orgánico (COP) hasta los primeros 20 cm de suelo. Se trabajó sobre una secuencia trigo-soja en suelos bajo siembra directa (SD), con y sin laboreo convencional (LC) como predecesor, comparándola con la situación del monte natural (MN) en el este tucumano.
Los resultados indican que, en el monte natural, con permanente incorporación de los residuos vegetales, se registraron los mayores aportes de carbono (COP). Estos contenidos están íntimamente ligados a la fracción lábil del carbono del suelo, cuyas funciones principales son la liberación de nutrientes al medio en un proceso de rápida mineralización; y la mejora de la estabilidad estructural de los suelos a través de la liberación al medio de sustancias ricas en hidratos de carbono, producidas por los vegetales y por la actividad microbiológica. Como resultado, se puede decir que la alta estabilidad estructural asociada a una buena porosidad en los suelos, permite la buena circulación de aire y de agua, un buen desarrollo radicular y la máxima expresión de la actividad de la mesofauna (lombrices) y de la microflora (hongos, bacterias) del suelo.
En los campos cultivados con más de 10 años de SD y cuyo antecesor fue LC; el carbono constituyó uno de los elementos más susceptibles a perderse por el movimiento de suelo, debido a una aceleración en el proceso de mineralización del mismo. Se produjeron pérdidas del orden del 40% del COP de 2 mm y mayores a 53 µm en los primeros 2,5 cm superficiales de suelo; de un 50% entre 2,5 y 5 cm; de un 38% entre 5 y 10 cm; y de un 17% entre 10 y 20 cm.
Las pérdidas de COP en el campo cultivado con 10 años de SD fueron menores (del orden del 28% del COP de 2 mm y mayores a 53 µm en los primeros 2,5 cm superficiales de suelo). Existió una correlación positiva entre la agresividad del sistema empleado en el movimiento de suelo y las pérdidas de COP.
Hubo diferencias significativas para la situación de MN respecto a SD-LC. Similar tendencia se manifestó para COP mayores a 53 µm con un alto valor de correlación. Existiendo diferencias significativas para la situación de MN respecto a SD-LC. En cuanto a las variaciones del COP menores a 53 µm, la tendencia se revierte.
Sin lugar a dudas, las formas de manejo agrícola incrementaron significativamente los contenidos de COP en partículas de suelo más pequeñas y, sobre todo, en aquel manejo donde desde un primer momento se produjeron movimientos del suelo que alteraron la macroagregación y favorecieron la generación de un sistema poroso más uniforme en los primeros 20 cm de suelo, pero con mayor tendencia al predominio de la microporosidad. Así, se produce una unión más íntima entre las fracciones de carbono y las partículas del suelo.
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