Severos ataques de la oruga cuarteadora en los cañaverales tucumanos

Esta plaga recurrente fue detectada principalmente en la región sur del área cañera provincial. Las lluvias impidieron el control de los cultivos.

27 Enero 2006
Este año se adelantó el ataque de la oruga cuarteadora o desfoliadora en los cañaverales tucumanos. Esta plaga recurrente fue detectada principalmente en la región sur del área cañera provincial. Los primeros casos se reportaron a fines de diciembre pasado, cuya intensidad creció en la primera quincena de este mes. Las fuentes consultadas por LA GACETA Rural destacaron la generalización y la magnitud del embate de la plaga, que afectó, en determinados lugares, a lotes completos. Apuntaron que la maleza que crece en los surcos es el principal hospedero de la oruga y que las últimas -y abundantes- lluvias no permitieron el control fehaciente en los cultivos. Según los informes de los técnicos en el tema, los daños pueden ser graves. Estiman que se pueden perder hasta el 50% de la caña y del azúcar si no se toman los recaudos necesarios para atacar este flagelo. Recomiendan, principalmente, el desmalezamiento de los cañaverales y las pulverizaciones una vez detectada la presencia de la oruga en los hojas. El uso de clorpirifos, en diferentes dosis por hectárea, según la intensidad, resulta efectivo en estos casos.

El control de malezas puede evitar graves daños
En los últimos días, técnicos de la sección Zoología Agrícola de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), detectaron la presencia de la oruga cuarteadora,"Mocis latipes", que atacó cañaverales en varias localidades de los principales departamentos de la provincia.
Se trata de una plaga ocasional en caña de azúcar, cuyas larvas se alimentan de la lámina de las hojas causando una intensa defoliación y deja, en algunos casos, sólo la nervadura central. La especie está asociada a la presencia de malezas hospederas, tales como grama, el pasto ruso y el pasto blanco.
Biología: el adulto es una mariposa de hábito nocturno, de color gris claro a oscuro. La hembra coloca los huevos por lo general en las vellosidades del tallo o en el envés de la hoja. Las larvas recién nacidas, tienen de 1 a 2 mm de largo, con dos bandas negras toráxicas y dos rayas longitudinales amarillas en la cabeza y en el cuerpo. Las larvas bien desarrolladas pueden medir entre 40 y 50 mm de largo.
El estado larval es de 15 a 18 días entre diciembre y marzo y puede llegar hasta los 30 días a fines de abril o de mayo. Es durante el período estival que causan los mayores daños al cañaveral. Finalmente, las larvas, para trasformarse en pupa, doblan la punta de las hojas introduciéndose en su interior, formando un capullo.
Daños y control: los ataques comienzan primero en las malezas y cuando éstas ya no son suficientes para su alimentación, pasan al cultivo, dañando al cañaveral. Las evaluaciones realizadas por la sección Zoología Agrícola de la EEAOC, sobre un lote intensamente desfoliado, al cual solo le quedó el brote guía, evidencian pérdidas significativas de azúcar del orden del 55,14%, respecto del lote testigo sin ataque. Es por ello que es importante un buen control de malezas tanto en trocha y en surco, en cabecera de surcos y en callejones centrales.
El monitoreo para detectar la presencia de larvas debe realizarse revisando las malezas y, si están presentes, debe evaluarse la conveniencia o no de tomar las medidas de control, recomendándose en este último caso la aplicación de clorpirifos en una dosis de entre 800 y 900 cm3/ha, con un volumen de caldo de 150 lts/ha para aplicaciones terrestres y 20 litros en aplicaciones aéreas.
Las consultas sobre este y otros temas pueden buscarse directamente a través del e-mail de la sección: zoología@eeaoc.org.ar  o por teléfono al (0381) 427-6561, interno 154. Informes y estudios se publican permanentemente en el sitio web de la EEAOC: www.eeaoc.org.ar.

Destacan la magnitud del embate de la plaga, en esta campaña
Los ataques de orugas que se detectaron en distintos cañaverales de la provincia revisten un nivel tal de gravedad, por la intensidad en que están ocurriendo."Si nos remitimos tiempo atrás, son ataques que se presentan en forma puntual, todos los años", señaló a LA GACETA Rural el ingeniero Diego Cagna, técnico de campo del ingenio Concepción.
"Estos ataques se registraron en pequeños focos bien delimitados, de manera que se realizan controles por zonas dañadas para eliminar, en forma efectiva, este problema", agregó.
Este año se observó que el ataque de la oruga cuarteadora es generalizado en diversas zonas y en lotes completos.
"Tenemos ataques en Macomitas, el Naranjo, El Chañar, La Ramada y Mariño, además de diversas zonas cercanas al pedemonte, en las cuáles la actividad de la oruga es permanente", apuntó Cagna.
También hay problemas puntuales en zonas del este de la región cañera. "Los ataques que observamos se dan en lotes propios, arrendados y en lotes de productores proveedores del ingenio. Estas son zonas que -insisto- el ataque que se detectó es fuerte y pocas veces visto por su magnitud", precisó.
Añadió que los tratamientos que realizan en estos momentos para el control específico de la oruga desfoliadora depende de la intensidad y la forma del ataque.
"Estamos aplicando metamidofos a medio litro por hectárea y en la mayoría clorpirifos a 600 cm3 por hectárea, más el agregado de aceite agrícola. Este último tratamiento lo estamos haciendo con más intensidad, por el buen resultado obtenido", afirmó.Cagna destacó, por su importancia, que los tratamientos -en la mayoría de los casos- lo realizan con aplicaciones aéreas y, en lugares donde el crecimiento del cañaveral lo permite, con pulverizaciones terrestres.
"Debemos destacar que los ataque más fuertes se dieron en puntas de lomas, en suelos arenosos y en lotes que vienen con problemas de malezas", advirtió.
"Pudimos observar un ataque que se dio en un lote en la localidad de Los Gutiérrez, donde comenzó en una parte arenosa y el desplazamiento de la oruga se detectó también a lo largo de toda la veta arenosa. Otro aspecto fundamental, pasa por actuar todos los años, y en épocas de posible aparición de la plaga, a través de un estricto monitoreo para determinar fehacientemente la presencia de problemas en los cultivos", concluyó.

Las aplicaciones son efectivas si se realizan al atardecer
En los últimos días de enero del año pasado también se observaron numerosos focos de la oruga cuarteadora (Mocis latipes) en los cultivos con caña de azúcar, en distintos sectores de la provincia, según informó en aquella ocasión la sección de Zoología Agrícola de la EEAOC.
Estos ataques en 2005 fueron detectados en las localidades de Los Pérez, Famaillá, Alabama y La Ramada y se observaron los daños que provocaron los insectos en las hojas del cultivo. Cabe recordar que esta plaga está asociada a las malezas presentes en los cañaverales, ya que los ataques se detectaron en zonas donde los callejones, las trochas, las cabeceras de los surcos, las fallas del cultivo y las áreas marginales no cultivadas con caña de azúcar estaban muy enmalezadas.
En estos lugares se desarrollan las primeras generaciones que dan origen a las poblaciones de la plaga. Entre las malezas, que son magníficos hospederos, se pueden citar al pasto blanco (Digitaria sanguinalis), la grama bermuda (Cynodon dactylon) y al pasto ruso (Sorghum halepense).
El daño se presenta primero en las malezas y cuando estas ya no son suficientes para su alimentación, y entonces pasan inmediatamente al cultivo.
El daño se detecta en el cañaveral por la presencia de hojas comidas hasta la nervadura central.
Ante la presencia de la plaga, debe buscarse al gusano debajo de las malezas, en la trocha del surco. Si se encuentran los insectos, el productor tendrá que evaluar la conveniencia o no de tomar las medidas de control correspondientes.
Según el modo en que actúe la plaga, un control preventivo resulta eficiente con la limpieza de callejones, de trochas, de cabeceras y de surcos, para dejarlos libre de cualquier maleza. En los casos en que la plaga se encuentre presente en el cultivo se recomienda la aplicación terrestre de clorpirifos, en dosis de 800 a 900 centímetros cúbicos por hectárea.
Para obtener un eficiente control, la aplicación debe realizarse al atardecer, momento en el cual es mayor la exposición de la plaga, y con un volumen de caldo no inferior a 150 litros por hectárea, para asegurar un buen mojado a través de la maloja presente en el surco.
En cañaverales cuya altura no permita la aplicación terrestre se puede usar la alternativa aérea, aplicando 30 litros de caldo por hectárea en campos muy enmalezados.

Tamaño texto
Comentarios