Hay que saber cómo se degradan los agroquímicos

Panorama rural por Ernesto José Caram. Conociendo la curva de destrucción de los plaguicidas, el productor asegura la inocuidad de las cosechas.

27 Enero 2006

Absolutamente todos los productores y, a su vez, exportadores de frutos cítricos del Noroeste del país tienen la obligación de conocer algunos factores que harán a la viabilidad del negocio exportador.
Por un lado, está la obligación de utilizar sólo plaguicidas autorizados por los países de destino (que lamentablemente varían incluso dentro de la misma Unión Europea). En ese punto, también es preciso que se conozca cuál es la curva de disipación o destrucción de ese plaguicida una vez aplicado a campo y, por último, los productores deben respetar a ultranza el límite máximo de residuos permitido para esos productos químicos al momento de ser consumidos.
Esta tolerancia también varía según el país de destino de los frutos cítricos, aunque hay muchos productos ya armonizados por el Codex Alimentario. Por ello es preciso que las personas que tomen las decisiones sobre los tratamientos fitosanitarios en un monte frutal dispongan de información actualizada sobre cómo se van degradando los distintos plaguicidas en la fruta con el tiempo hasta el momento de la cosecha. Y estos residuos interesan tanto para la fruta que tendrá como destino el mercado en fresco como para la que se destinará finalmente a la industrialización y posterior obtención de derivados alimenticios del limón.
Los plaguicidas elegidos deberán ser en todos los casos autorizados, ya que si se detectan en los mercados de destino algún residuo no autorizado o bien un límite máximo de residuos superior a las tolerancias, las penalizaciones que sufrirá el exportador y las restricciones del país de origen de esa fruta pueden hacer tambalear cualquier negocio a futuro.En ese sentido, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea son los países más exigentes e implacables al momento de penalizar los incumplimientos a la legislación vigente en sus países.
Por otra parte, el uso de estos plaguicidas se extiende mucho más allá de saber si están o no autorizados. En realidad, todo pasa, además, por conocer la mejor época de aplicación, la dósis a utilizar, el volumen de caldo a aplicar por árbol y las condiciones climáticas reinantes al momento de la aplicación, entre otros factores que incidirán en el residuo final sobre la fruta.
Está claro que hoy son numerosas las normativas internacionales que obligan a los productores a utilizar plaguicidas procedentes de laboratorios de renombre internacional que garanticen, a su vez, la calidad no sólo del ingrediente activo aplicado, sino también de los aditivos y de otros vehículos que acompañan al producto durante su aplicación. El objetivo es que no vayan a quedar sobre la fruta metabolitos que puedan ser motivo de intoxicación por parte de los consumidores.
Actualmente, no son pocos los clientes del exterior que no permiten el uso de drogas genéricas formuladas en aquellos países que no ofrecen las garantías de inocuidad alimentaria, como ser las materias activas que provienen de China o de otro país del sudeste asiático a precios subsidiados.
Recientemente, se presentó en Tucumán una nueva normativa internacional diseñada por el grupo ISO, de la que participó también una comisión del Codex Alimentario dependiente de la FAO, que la denominó con el número 22000:2005.
La misma busca garantizar la inocuidad de los alimentos, entre ellos las frutas frescas, y responsabiliza a toda la cadena de alimentos por su cumplimiento. La norma ISO 22000 fue diseñada para permitir que todo tipo de organización de la cadena de alimentos implemente un sistema de gestión de la inocuidad alimentaria. Y en las mismas están incluidos los agricultores y los exportadores. A cada uno, los hace responsables por el incumplimiento de las normativas de inocuidad de los países de destino de los cítricos.
De todo lo expuesto, se desprende lo importante que es que los técnicos de campo, los agricultores y los mismos exportadores elijan la mejor estrategia de lucha contra las plagas y las enfermedades en cítricos.
Así, no sólo deben considerar la eficacia, los costos y los efectos secundarios de los plaguicidas sobre el cultivo -que son necesarios considerar-, sino también su problemática de residuos. Esto, sin lugar a dudas, contribuirá a que se eviten más problemas en una cuestión sobre el que la opinión pública es cada vez más sensible.

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