27 Enero 2006
Las precipitaciones de mediados de enero llegaron justo a tiempo para evitar un desastre, pero sus efectos fueron bastante desparejos. Así, en la mayor parte del NOA y en el oeste de la Región del Chaco se registraron buenas lluvias que mejoraron significativamente la situación de las zonas afectadas por la sequía. La apreciación corresponde a Eduardo Sierra, especialista en Agroclimatología de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires.
El especialista explicó que el este del Chaco, el norte de la Mesopotamia y el norte de Santa Fe recibieron un alivio insuficiente, por lo que su estado continúa siendo delicado. En cuanto a San Luis y el oeste y sur de Córdoba, estos mejoraron su situación aunque sin llegar a normalizarla del todo. En cambio, la mayor parte de La Pampa y el sudoeste de Buenos Aires tuvieron un alivio insuficiente y, probablemente, no lograrán recuperarse del impacto recibido. San Luis y el oeste y sur de Córdoba mejoraron su situación, aunque sin llegar a normalizarla del todo. El este de Córdoba, el centro y sur de Santa Fe, el centro y sur de la Mesopotamia y la mayor parte de Buenos Aires observaron lluvias abundantes que aliviaron efectivamente la sequía.
Según Sierra, aunque las lluvias descriptas evitaron un desastre, es probable que la situación logre estabilizarse cuando, a partir de comienzos de febrero, las lluvias comiencen a regularizarse, lo que causaría una paralela moderación de las temperaturas. "Si bien es probable que este proceso resulte algo irregular, para mediados de mes las condiciones se encontrarán cerca de sus valores normales. A partir de dicho momento, cabe esperar un cambio en el ambiente, pasando a predominar condiciones de alta humedad en la mayor parte del área agrícola nacional, verificándose un escenario más homogéneo que el anterior", enfatizó el profesional.
Aclaró, no obstante, que se mantendrá cierto contraste entre el oeste, que permanecerá algo seco, y el este, que experimentará fuertes excesos. Hacia el final del verano se producirán tormentas localizadas de gran intensidad, repitiéndose los riesgos de granizo y vientos observados en el inicio de la primavera. "Durante este lapso se incrementará el riesgo de enfermedades fúngicas en la mayoría de las zonas y, con especial intensidad, en las situadas en el este del país. Será necesario prestar especial atención al peligro de ataques de roya asiática de la soja", dijo.
Sierra adelantó que en la primera parte del otoño, se intensificarán los meteoros iniciados a fin del verano, lo que redundará en malas condiciones sanitarias y complicará las labores de cosecha. Será el momento en que la amenaza de la roya asiática de la soja alcance su mayor intensidad. Aunque es probable que la Costa Pacífica permanezca más fría que lo normal, el comienzo de la temporada de tormentas en la Cordillera Sur determinará la llegada de vigorosos frentes de tormenta hasta el sur y el oeste del área agrícola.
Hacia comienzos de mayo, el enfriamiento del continente provocado pondría fin a la temporada de lluvias, brindando condiciones secas, pero frías, a la última parte de la cosecha gruesa.
El especialista explicó que el este del Chaco, el norte de la Mesopotamia y el norte de Santa Fe recibieron un alivio insuficiente, por lo que su estado continúa siendo delicado. En cuanto a San Luis y el oeste y sur de Córdoba, estos mejoraron su situación aunque sin llegar a normalizarla del todo. En cambio, la mayor parte de La Pampa y el sudoeste de Buenos Aires tuvieron un alivio insuficiente y, probablemente, no lograrán recuperarse del impacto recibido. San Luis y el oeste y sur de Córdoba mejoraron su situación, aunque sin llegar a normalizarla del todo. El este de Córdoba, el centro y sur de Santa Fe, el centro y sur de la Mesopotamia y la mayor parte de Buenos Aires observaron lluvias abundantes que aliviaron efectivamente la sequía.
Según Sierra, aunque las lluvias descriptas evitaron un desastre, es probable que la situación logre estabilizarse cuando, a partir de comienzos de febrero, las lluvias comiencen a regularizarse, lo que causaría una paralela moderación de las temperaturas. "Si bien es probable que este proceso resulte algo irregular, para mediados de mes las condiciones se encontrarán cerca de sus valores normales. A partir de dicho momento, cabe esperar un cambio en el ambiente, pasando a predominar condiciones de alta humedad en la mayor parte del área agrícola nacional, verificándose un escenario más homogéneo que el anterior", enfatizó el profesional.
Aclaró, no obstante, que se mantendrá cierto contraste entre el oeste, que permanecerá algo seco, y el este, que experimentará fuertes excesos. Hacia el final del verano se producirán tormentas localizadas de gran intensidad, repitiéndose los riesgos de granizo y vientos observados en el inicio de la primavera. "Durante este lapso se incrementará el riesgo de enfermedades fúngicas en la mayoría de las zonas y, con especial intensidad, en las situadas en el este del país. Será necesario prestar especial atención al peligro de ataques de roya asiática de la soja", dijo.
Sierra adelantó que en la primera parte del otoño, se intensificarán los meteoros iniciados a fin del verano, lo que redundará en malas condiciones sanitarias y complicará las labores de cosecha. Será el momento en que la amenaza de la roya asiática de la soja alcance su mayor intensidad. Aunque es probable que la Costa Pacífica permanezca más fría que lo normal, el comienzo de la temporada de tormentas en la Cordillera Sur determinará la llegada de vigorosos frentes de tormenta hasta el sur y el oeste del área agrícola.
Hacia comienzos de mayo, el enfriamiento del continente provocado pondría fin a la temporada de lluvias, brindando condiciones secas, pero frías, a la última parte de la cosecha gruesa.
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