Claves para una buena cosecha del limón

La fruta de exportación requiere de cuidados que no pueden ser soslayados por los productores. Por Ernesto José Caram

17 Febrero 2006
Muy pronto comenzará en Tucumán la cosecha de limones para exportación. Muchos de los frutos ya alcanzaron los calibres mínimos tolerados para ser comercializados en los diferentes mercados (45 milímetros de diámetro ecuatorial para Categoría I), y el contenido mínimo de jugo exigido por los clientes más exigentes (mayor al 25% sobre el peso total del fruto). Y aunque los frutos no tomaron aún el color amarillo típico del limón, estos ya tienen las condiciones mínimas de desarrollo para ser desverdizados en forma artificial.
Ante esta situación, los productores deben tomar todos los recaudos necesarios tendientes a no dañar los frutos y preservarlos para que lleguen en forma adecuada a sus consumidores, que los recibirán, por lo menos, 30 días después de su cosecha. Por eso, la recolección debe efectuarse en las mejores condiciones y con el mayor cuidado posible, a fin de evitar lesiones que terminen reduciendo la calidad y propiciando enfermedades difíciles de controlar durante la poscosecha. Esto, logicamente, termina provocando podredumbres que desmerecen la calidad comercial de la fruta en los mercados.
Las podredumbres, en la mayoría de los casos, tienen su origen en las heridas que se producen en la cosecha y en el transporte, por lo que hay que considerar que los frutos a cosechar deben estar secos y ser cortados con alicates, para evitar malos tratos.
En esta época del año, cosechar frutos húmedos es una práctica bastante frecuente, sin tener en cuenta que la humedad provoca que las glándulas de aceite de la corteza estén muy turgentes y, a su vez, sensibles. Así, ante el más mínimo golpe se rompen y provocan problemas de oleocelosis (mancha) en la piel de los frutos, debido a que este aceite es fitotóxico para el propio fruto. Por ello, se recomienda que luego de las lluvias y, cuando hay rocío sobre los frutos, se deje pasar un tiempo prudencial antes de la cosecha.
Nunca deben cosecharse frutos, cualquiera sea el mercado, que estén afectados por algún tipo de podredumbre, puesto que se genera el efecto multiplicador de daño que provoca este problema sobre el resto de los frutos sanos. Inclusive, para evitar problemas en las industrias, el limón podrido debe ser decomisado en barrancos y tapado, ya que los mismos sólo ocasionan problemas operativos y de contaminación en las industrias.

Enfermedad temible
La podredumbre del pedúnculo, causada por Diplodia, es uno de los mayores dolores de cabeza que sufren los exportadores en los inicios de la exportación y, sobre todo, en la fruta que se procede a desverdizar.
El desarrollo de la enfermedad se intensifica enormemente con el desverdizado con etileno, utilizado para mejorar el color de la corteza en zonas donde el cambio de color de forma natural se retrasa a causa de las temperaturas altas. Raramente se observa en frutos aún en el árbol, incluso estando maduros. Los síntomas aparecen algunos días  después de la cosecha, cuando las temperaturas están por encima de los 21 grados.
El hongo se activa en la zona del pedúnculo del fruto y, rápidamente, penetra en la corteza y la pulpa. Ocasionalmente desarrolla daños en la superficie o en la base estilar del fruto, progresa rápidamente a través del eje y alcanza el final del estilo. Las técncicas culturales adecuadas ayudan al control de Diplodia, produciendo árboles vigorosos con mínimas cantidades de madera muerta. También se ha utilizado el regulador de crecimiento 2,4-D en formulaciones con agua y cera, para retardar la senescencia del pedúnculo y, por consiguiente, la entrada del patógeno. Si la concentración del etileno utilizado en la desverdización es alta, se desarrolla entonces más enfermedad del pedúnculo.
La cosecha selectiva en función de frutos coloreados o, el retraso de la cosecha hasta que los frutos se coloreen en forma natural, reducen el tiempo de desverdización y el riesgo de la enfermedad. El enfriamiento inmediato tras el empaquetado retrasa su desarrollo, quedando así a 10 grados centígrados prácticamente inhibida la podredumbre. La aplicación de fungicidas de la familia de los bencimidazoles en drencher, luego de la cosecha, ofrece asimismo un buen control de esta enfermedad.
Los conceptos deben ser tenidos en cuenta, puesto que lo normal es que por pretender apurar la cosecha, se cometan errores groseros que luego se pagan con creces. Una fruta que presente cualquier tipo de podredumbre en los mercados de destino es finalmente decomisada, y por ella, no tan sólo no se recibe ninguna retribución, sino que además se suele tener que pagar una multa que en la mayoría de los casos busca ser ejemplificadora, a fin de que no vuelva a repetirse.





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