Por Gustavo Frías Silva
09 Julio 2010
El suelo es un tesoro que hay que cuidarlo
El recurso suelo es un bien que tiene poca durabilidad si no se utiliza como corresponde. Existen las herramientas tecnológicas para las tareas de prevención y conservación del soporte de los cultivos. Aprender a manejarlas asegura a los hombres de campo el prolongado uso de la tierra. Rotaciones, provisión de nutrientes y la desertificación.
El suelo en el que se realiza la agricultura es un recurso natural que si no se lo usa como corresponde se agota; tiene una vida corta y efímera. Tucumán es una de las provincias que antes de conocer el uso de herramientas tecnológicas indispensables para la conservación del suelo sufría por las inclemencias de las lluvias torrenciales en verano y los vientos en otoño invierno. Entonces no se practicaba la labranza vertical en muchos cultivos, como los hortícolas y de caña de azúcar, la siembra directa en los cultivos de soja, maíz, trigo y además de poroto, y no se utilizaban rastras para el control de malezas en quintas y poco se hacía en la sistematización de los suelos.
Las lluvias y el viento se llevaban lo importante del suelo en lo que respeta a tierra fértil y nutrientes, dejando solo suelo desnudos, pesados y en muchos lugares grandes cárcavas por donde corrían las aguas. La importancia que tiene el suelo para el ecosistema y la economía es algo que muchas veces no se la dimensiona como corresponde, y muchos sólo ven en el suelo un soporte en el que se siembra y se cosecha para un rápido beneficio, si mirar más allá de sus narices.
Los alimentos que nos brinda para sobrevivir, la ropa y los vestidos con que el mundo se viste, y por supuesto el agua que bebemos y usamos para muchísimas necesidades, están relacionadas con la capacidad que tenemos de cuidar a nuestro gran aliado, que es el suelo.
El suelo tiene una disparidad de funciones que sirven para que se puedan realizar todas las tareas que apuntan a obtener productos y a satisfacer nuestras necesidades, y cuando se degradan, esa capacidad de lograr lo antes mencionado se ve seriamente afectada. Además, si la degradación alcanza niveles graves, puede dar lugar a fenómenos de desertificación que ocurrieron en muchos lugares de nuestro país y del mundo.
Debemos siempre tener en cuenta la relación entre el suelo, las labores que realizamos sobre él y las condiciones climáticas reinantes en ese lugar, pero también hay que tener presente el cambio climático que se viene. Todo esto es importante ya que si observamos estas cuestiones y logramos que el suelo sea manejado como corresponde lograremos no sólo conservar el suelo sino una parte fundamental del mismo, que es la materia orgánica del suelo.
La materia orgánica se relaciona con la fertilidad y es el fundamento de la vida, especialmente la vegetal, ya que a través de ella se unen los nutrientes al suelo, que garantizan su disponibilidad para las plantas.
El suelo que todos los años cultivamos es el hogar para los organismos terrestres, desde las bacterias a los gusanos y los insectos, y les permite transformar los residuos vegetales, y proveer los nutrientes que pueden ser absorbido por las plantas y los cultivos.
En este sentido tratar de mantener la mayor cantidad de rastrojos después de una cosecha es fundamental para que la actividad microbiana continúe y enriquezca más al suelo.
Por suerte en Tucumán los productores van tomando conciencia al respeto y tratan de mantener en lo posible todo tipo de rastrojos.
Es por ello importante tratar de realizar cultivos y operaciones que entreguen al suelo la mayor cantidad de rastrojos, como rotar y cultivar maíz y luego soja, no quemar los rastrojos de caña después de la cosecha sino mantenerlo, y lograr siempre tener un suelo cubierto para enfrentar el invierno y primavera seca que tenemos en la región.
Realizando este tipo de labores, que poco y nada cuestan, conservamos aun más el suelo en épocas desfavorables.
La materia orgánica permite mantener la estructura del suelo, mejorando así la infiltración del agua, la disminución de la evaporación, aumentando la capacidad de retención de agua y evitar la compactación del suelo. La intensificación de la agricultura y la incorporación de nuevas tierras a la agricultura, si no son manejadas correctamente corren el riesgo de no mantener correctas concentraciones de materia orgánica, lo que implicaría en poco tiempo la pérdida de su fertilidad y por ende, en el corto tiempo, la pérdida de este importantísimo recurso.
La degradación de un suelo tiene repercusiones globales y nos afecta a todos por igual, por lo que resulta necesario descubrir dónde se están produciendo pérdidas de materia orgánica del suelo y se evalúen esas pérdidas en forma permanente, para luego, disminuirlas.
Está claro que la Argentina tiene que adaptarse al cambio climático y que el suelo desempeña un papel crucial para garantizar la producción de alimentos y servicios frente a condiciones climáticas adversas. Es por ello que debemos tomar conciencia y todos los recaudos posibles frente a estas situaciones.
Las herramientas tecnológicas disponibles y el conocimiento actual de técnicos, productores y de grandes centros de investigación y transferencia de tecnología, tanto públicos, mixtos y privados, están al alcance de todos, solo faltan las ganas de hacer bien las cosas.
Las lluvias y el viento se llevaban lo importante del suelo en lo que respeta a tierra fértil y nutrientes, dejando solo suelo desnudos, pesados y en muchos lugares grandes cárcavas por donde corrían las aguas. La importancia que tiene el suelo para el ecosistema y la economía es algo que muchas veces no se la dimensiona como corresponde, y muchos sólo ven en el suelo un soporte en el que se siembra y se cosecha para un rápido beneficio, si mirar más allá de sus narices.
Los alimentos que nos brinda para sobrevivir, la ropa y los vestidos con que el mundo se viste, y por supuesto el agua que bebemos y usamos para muchísimas necesidades, están relacionadas con la capacidad que tenemos de cuidar a nuestro gran aliado, que es el suelo.
El suelo tiene una disparidad de funciones que sirven para que se puedan realizar todas las tareas que apuntan a obtener productos y a satisfacer nuestras necesidades, y cuando se degradan, esa capacidad de lograr lo antes mencionado se ve seriamente afectada. Además, si la degradación alcanza niveles graves, puede dar lugar a fenómenos de desertificación que ocurrieron en muchos lugares de nuestro país y del mundo.
Debemos siempre tener en cuenta la relación entre el suelo, las labores que realizamos sobre él y las condiciones climáticas reinantes en ese lugar, pero también hay que tener presente el cambio climático que se viene. Todo esto es importante ya que si observamos estas cuestiones y logramos que el suelo sea manejado como corresponde lograremos no sólo conservar el suelo sino una parte fundamental del mismo, que es la materia orgánica del suelo.
La materia orgánica se relaciona con la fertilidad y es el fundamento de la vida, especialmente la vegetal, ya que a través de ella se unen los nutrientes al suelo, que garantizan su disponibilidad para las plantas.
El suelo que todos los años cultivamos es el hogar para los organismos terrestres, desde las bacterias a los gusanos y los insectos, y les permite transformar los residuos vegetales, y proveer los nutrientes que pueden ser absorbido por las plantas y los cultivos.
En este sentido tratar de mantener la mayor cantidad de rastrojos después de una cosecha es fundamental para que la actividad microbiana continúe y enriquezca más al suelo.
Por suerte en Tucumán los productores van tomando conciencia al respeto y tratan de mantener en lo posible todo tipo de rastrojos.
Es por ello importante tratar de realizar cultivos y operaciones que entreguen al suelo la mayor cantidad de rastrojos, como rotar y cultivar maíz y luego soja, no quemar los rastrojos de caña después de la cosecha sino mantenerlo, y lograr siempre tener un suelo cubierto para enfrentar el invierno y primavera seca que tenemos en la región.
Realizando este tipo de labores, que poco y nada cuestan, conservamos aun más el suelo en épocas desfavorables.
La materia orgánica permite mantener la estructura del suelo, mejorando así la infiltración del agua, la disminución de la evaporación, aumentando la capacidad de retención de agua y evitar la compactación del suelo. La intensificación de la agricultura y la incorporación de nuevas tierras a la agricultura, si no son manejadas correctamente corren el riesgo de no mantener correctas concentraciones de materia orgánica, lo que implicaría en poco tiempo la pérdida de su fertilidad y por ende, en el corto tiempo, la pérdida de este importantísimo recurso.
La degradación de un suelo tiene repercusiones globales y nos afecta a todos por igual, por lo que resulta necesario descubrir dónde se están produciendo pérdidas de materia orgánica del suelo y se evalúen esas pérdidas en forma permanente, para luego, disminuirlas.
Está claro que la Argentina tiene que adaptarse al cambio climático y que el suelo desempeña un papel crucial para garantizar la producción de alimentos y servicios frente a condiciones climáticas adversas. Es por ello que debemos tomar conciencia y todos los recaudos posibles frente a estas situaciones.
Las herramientas tecnológicas disponibles y el conocimiento actual de técnicos, productores y de grandes centros de investigación y transferencia de tecnología, tanto públicos, mixtos y privados, están al alcance de todos, solo faltan las ganas de hacer bien las cosas.























