No contaminar depende de todos

El vertido de desechos industriales y urbanos en los ríos de Tucumán está perjudicando la flora y la fauna, tanto en nuestro territorio como también aguas abajo, en otras provincias. Es necesario generar conciencia entre la población y en los sectores industriales y productivos sobre el respeto de las leyes ambientales y aplicar sanciones a quienes no las cumplen.

Uno de los temas que preocupa a todo el mundo es la contaminación ambiental por las labores del hombre a través de las diferentes actividades productivas que a diario realiza. Nuestra provincia no está exenta de este tema, ya que las actividades azucarera, citrícola, granaria, ganadera, industrial de cualquier tipo y los vertidos de toda la población, de una manera u otra contribuyen a la polución.

Según se informa desde diferentes medios, el vertido de desechos industriales y humanos en Tucumán está causando un desastre ecológico de enormes proporciones no sólo en nuestro territorio provincial sino también aguas abajo, principalmente en Santiago del Estero, donde el lago ubicado en Río Hondo, en la turística ciudad de Las Termas, sufre la frecuente muerte de miles de peces.

Este efecto también se detecta en muchos de los cauces de los ríos de la provincia de Tucumán, donde la fauna ictícola es golpeada por la contaminación permanente.

Es preocupante que esto suceda cuando ya finalizaron las zafras azucarera y citrícola, y que se hayan vertido desechos industriales sin tratar a cauces de ríos que tienen poco caudal de agua por la todavía escasez de lluvias.

Los residuos industriales no tratados de los ingenios azucareros, citrícolas e industrias varias, la mala aplicación y el uso de pesticidas y fertilizantes, el vertido de líquidos cloacales sin tratamiento en numerosas ciudades y pueblos tucumanos también ayudan a que la contaminación siga avanzando con su consecuencia ya conocida por todos.

Todos estos desechos que tienen una gran carga orgánica, además de inorgánica nociva con elementos altamente tóxicos, en contacto con las algas que viven y se reproducen en todos los cauces y diques, hacen que esas cargas se multipliquen rápidamente y aumenten su capacidad para consumir el oxígeno disuelto en el agua, indispensable para la vida de la fauna ictícola y la flora.

Tucumán viene trabajando desde hace bastante tiempo atrás con un programa de producción limpia que debe ser acatada por todos los que producen bienes y servicios, para que, a través de su aplicación, se logre llevar a cero la contaminación.

Por desgracia no todos cumplen las leyes vigentes ni los pactos que firman, y producen contaminaciones que muchas veces causan daños irreparables, ya que el medio ambiente se quedó sin capacidad de reacción natural ante tamaña agresión.

Ante esta situación de desidia, negligencia y a veces hasta de mala intención de muchas industrias, productores, empresas de servicios públicos y de ciudadanos comunes que arrojan basura en cualquier lado, el Gobierno provincial debería tomar cartas en el asunto de forma urgente y hacer cumplir la ley de manera estricta.

Hay que evitar que el problema se federalice, o al menos mitigar la situación en curso, y corregir rápidamente los problemas de contaminación que todavía se viven en Tucumán.

El Estado provincial debe asumir un papel más activo. Tiene las herramientas para lograrlo, en lo que respecta a la prevención de la contaminación y a la educación de la población, de los industriales y de sus propios funcionarios.

El rigor
Las multas aplicadas en tiempo y forma, la suspensión de la actividad o una demanda penal están previstas en la actual ley, por lo que a los infractores debe aplicársela según corresponda, de acuerdo con la gravedad del hecho, y con todo el rigor posible para cortar por lo sano el proceso de contaminación.

Es preciso una urgente aplicación del ordenamiento existente con un programa de control y de prevención para evitar que se arrojen efluentes industriales a los cauces de los ríos, además de trabajar para que los residuos domiciliarios no terminen en vaciaderos clandestinos. Y también, en forma constante, generar conciencia en toda la población sobre las consecuencias nefastas de la contaminación y los beneficios que implica el cuidado del medio ambiente. La única manera que existe para llegar a esa conciencia ecologista es educando, para que como involucrados y responsables de este territorio respetemos la ley y las buenas costumbres. Seguro que las generaciones futuras se acordarán siempre de este gesto.

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