El dólar oficial profundizó su tendencia bajista y este lunes tocó su menor nivel desde septiembre, en un contexto de mayor oferta de divisas y sostenida demanda de instrumentos en pesos. En el Banco Nación, la cotización cerró a $1.390, mientras que el mayorista se ubicó en $1.370,50, casi 17% por debajo del techo de la banda de flotación. En paralelo, el riesgo país que elabora JP Morgan se mantuvo en 536 puntos básicos.

Una combinación de factores daría como resultado esta incipiente calma cambiaria en el mercado argentino. Por un lado, se incrementaron las liquidaciones vinculadas a colocaciones de deuda de empresas y provincias en el exterior, lo que amplió la oferta de dólares en el mercado local. A eso se sumó un renovado interés por las estrategias de carry trade, apalancadas en tasas de interés elevadas que incentivaron la demanda de pesos y redujeron la búsqueda de cobertura en moneda extranjera.

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En este escenario, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) logró recomponer reservas sin presionar sobre la cotización. Desde la consultora Cohen señalaron: “La baja del tipo de cambio se sostuvo incluso con el BCRA comprando reservas, apoyada en una liquidación del agro que se mantiene firme, en dólares financieros provenientes de colocaciones de ONs y préstamos, y en un contexto en el que las tasas continúan elevadas y sostienen estrategias de carry trade. La menor demanda de cobertura se refleja también en los contratos de dólar futuro, que retrocedieron 1,5% en la semana, con caídas más acentuadas en los contratos de febrero (-2,2%) y marzo (-2%)”.

Hacia adelante, los analistas proyectan que el inicio de la cosecha gruesa podría aportar un flujo adicional de exportaciones que contribuya a sostener la estabilidad del dólar en los próximos meses. Sin embargo, advierten que el esquema actual no está exento de riesgos.

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Desde Cohen alertaron que el ancla cambiaria, combinada con tasas de interés altas y superávit fiscal, apunta a contener una inflación que aún se muestra persistente. “Tasas en alza, tipo de cambio a la baja y superávit fiscal constituyen el antídoto del Gobierno para reducir una inflación que resiste más de lo esperado, siendo la actividad la variable de ajuste. La atención de esta semana estará puesta en la licitación del Tesoro y en su capacidad de renovar los vencimientos a tasas en línea con el mercado secundario, sin profundizar las tensiones sobre la liquidez”, indicaron.

En la misma línea, el economista Gustavo Ber sostuvo que “el exceso de oferta de divisas, ya no sólo por más mayores liquidaciones de emisiones sino también más apuestas al carry trade, sigue impulsando un descenso en el dólar mayorista y profundiza las adquisiciones de reservas del BCRA. Aunque su creciente participación en la plaza viene amortiguando el descenso del dólar, un proceso que transita relativamente en línea con las monedas emergentes, en el caso local podría en el tiempo ir dejando como saldo una mayor apreciación cambiaria a partir de una inflación relativa superior”.

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Ber añadió además que “los operadores continúan atentos al papel del organismo monetario y el Tesoro en la administración del mercado de pesos, hasta ahora con tareas divididas de emisión y absorción. Ocurre que hacia adelante lo mejor sería que se vaya abriendo espacio para una gradual remonetización, que llegue a través de una mayor confianza de los agentes económicos, y ello pudiera promover menores tasas que ayuden a la actividad”.

Por su parte, desde LCG advirtieron que la combinación de dólar en baja e inflación en alza configura un proceso de apreciación real del peso. “El tipo de cambio real multilateral cayó 5% en lo que va de febrero y 12% desde el pico de septiembre 2025, coincidente con el bechmark que había marcado el FMI en el acuerdo de 2022. Aun cuando la dinámica del comercio exterior desafía la lectura tradicional de atraso cambiario en el corto plazo, seguimos pensando que la sostenibilidad dependerá de la elasticidad importadora ante una eventual recuperación de la actividad”, evaluaron.