Ayer comenzó un nuevo mes, típico del otoño tucumano. Pero el comportamiento climático sigue siendo una incógnita: durante este año productivo tuvo muchos condimentos, y actualmente se pueden ver los diversos inconvenientes que causó al sistema productivo regional y de la provincia.
La trilla de granos sigue con tropezones debido a que los suelos y los cultivos no se secan como corresponde para que las máquinas puedan trillar sin inconvenientes.
La zafra citrícola avanza debido a que la cosecha se realiza a mano; y el productor hace lo posible para sacar la fruta del campo. Y en lo que respecta a la zafra azucarera, resulta fundamental que haya piso, algo que todavía no sucede, para que las integrales puedan entrar a los cañaverales y cosechar la materia prima que necesitan los ingenios tucumanos para comenzar la molienda 2026.
Lo que sucede con el clima no es nuevo para una región como el NOA; sobran experiencias como estas. Si no, basta recordar que en los últimos años los campos tucumanos y de la región vinieron sufriendo calamidades climáticas. Y a estas se suman los inconvenientes que sufren las diferentes producciones agropecuarias, debido a los bajos precios de los productos y a los problemas comerciales.
Y aunque parece que los aspectos comerciales se podrán ir acomodando, igualmente se depende muchísimo de los factores climáticos. A pesar de esto, los productores, año a año, y campaña tras campaña, continúan desafiando siempre estos inconvenientes.
Esto sucede a raíz de la naturaleza propia del productor que, a pesar de los problemas que tiene, siguen sembrando y plantando, porque es lo que sabe hacer y porque dispone de herramientas que sirven, en muchos casos, para mejorar su eficiencia productiva.
La tecnología de precisión ha venido sorprendiendo con el lanzamiento constante de nuevos equipos, sistemas y programas, que se transformaron en auxiliares indispensables de la agricultura moderna. Ahora comienza a prevalecer una etapa que pone la mira en la organización de todos esos desarrollos, y en la cual la tendencia es mejorar la logística en la utilización de estas herramientas, apuntando a una mayor eficiencia y coordinación entre las máquinas agrícolas.
Los productores tucumanos de granos -al igual que sus homólogos cañeros o citrícolas- saben mucho de esto. Y a ellos se suman otro tipo de productores.
Los de granos fueron los que mayormente adaptaron y conocieron rápidamente la tecnología que vino de la mano de la Siembra Directa, y de la cual los organismos de investigación agropecuaria como la Estación Experimental Obispo Colombres y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fueron los pilares que ayudaron a este gran afianzamiento. Y luego, con el uso de la biotecnología, aparecieron los OGM que nuevamente lanzaron los rendimientos para arriba.
Estos organismos también fueron el punto de apoyo para la citricultura y para la producción de azúcar.
La citricultura tucumana sigue esos pasos de usar la mejor tecnología disponible en quintas, en empaques y en industrias, logrando ubicar a Tucumán como la primera producción mundial de limón de alta calidad y de productos industrializados, muy requeridos por las empresas alimenticias y medicinales del mundo, que usan estos productos en la fabricación de reconocidas marcas comerciales.
La actividad azucarera viene recorriendo los mismos caminos -en fábricas y en cañaverales-, buscando hacer más eficiente y más limpias las producciones fabriles, y buscando mejores rendimientos en los cañaverales, con la incorporación de nuevas variedades, vitro plántulas obtenidas con biotecnología, sistemas de riego y volviendo más eficiente la cosecha mecanizada. Todas, en forma conjunta, lograron resultados asombrosos de rindes de cañaverales.
Muchas de estas cuestiones tecnológicas pudieron ser vistas y analizadas en la JAT Cañera realizada por los Consorcios Regionales de Experimentación Agropecuaria (CREA) región NOA, tal como informamos en esta edición de LA GACETA Rural.
Párrafo aparte, y muy importante, para los sectores agroproductivos de nuestra región, que conocen la importancia de tener a disposición lo mejor en sanidad, en calidad y en tecnología en lo referente a semilla, sabiendo perfectamente que para disponer de la mejor simiente es necesario reconocer el trabajo y sacrificio de los obtentores.
Indudablemente, toda esta incorporación de nueva tecnología vino acompañada con el uso de la agricultura de precisión y con sistemas satelitales que aportan, in situ, la información necesaria para que las labores como siembras, cosechas, aplicaciones de fitosanitarios y otros trabajos, sean realizados correctamente con las dosis recomendadas y bien dirigidas.
Esto inició un proceso muy grande de reconversión tecnológica en el sector, tanto en el área de los productores como de los servicios asociados al sector agropecuario. Se comenzó a notar una gran demanda de alimentos, empezaron a aparecer las inversiones extranjeras. Empezó a verse un crecimiento fuerte en infraestructura en comunicaciones y particularmente internet.
Esto hizo que aparezca la necesidad de interactuar con tecnologías que estaban asociadas a las maquinarias.
Lo real es que la tecnología dirigida a la producción agropecuaria sigue avanzando en el mundo y los productores locales deben tratar de estar actualizados, en la medida en que la rentabilidad lo permita, y siempre y cuando el país facilite que estas herramientas puedan ser usadas sin inconvenientes. El hombre de campo siempre actualiza su sistema productivo, por lo que estas herramientas tecnológicas deben estar disponibles.