Del dicho al hecho hay un país maltrecho

Del dicho al hecho hay un país maltrecho

La vertiginosa Argentina dejó atrás la semana de los hechos para pasar a la semana de los dichos. Antes del Carnaval, la “Ley Ómnibus” se estrelló en la Cámara de Diputados. El presidente, Javier Milei, clasificó a los diputados entre “leales” y “traidores” mediante una lista profundamente antidemocrática. Demonizó a un grupo de gobernadores, a los que no sin razón acusó de querer evitar el ajuste en sus administraciones. Aunque también, exageradamente, les endilgó toda la responsabilidad por el naufragio de la norma, a fin de no reconocer la impericia política de sus equipos en las tratativas parlamentarias. Luego, recortó subsidios al transporte público y eliminó el Fondo de Compensación para el Interior. A la vez, en Educación, extinguió el Fondo de Incentivo Docente. Finalmente, echó a varios funcionarios de primera línea (el cordobés Osvaldo Giordano, en Anses; la salteña Flavia Royón, en Minería), porque los diputados de sus distritos votaron en contra de algunos incisos del proyecto malogrado. Todo ello, sin siquiera estar en el país.

Esta semana de escasos días hábiles, tras su regreso de disculparse con el Papa, Milei prefirió decir en vez de hacer. Manifestó que profundizará la “convergencia” con el PRO. Y mostró, en una entrevista, facetas tan diversas como desconcertantes. Con amplio conocimiento de teoría económica, dio una explicación fundada acerca de por qué persigue el “déficit cero” como objetivo para cesar con el endeudamiento que provoca la emisión de pesos. A la vez, explicó cómo ello redunda en una caída de la inflación, que si es más baja en enero (20,6%) que en diciembre (25,4%), siguen siendo la más alta del planeta. Pero, en el mismo reportaje, descalificó a la cantante Lali Espósito, a la que llamó “Lali Depósito”, para cuestionar su cachet en Cosquín e insistir en que los gobernadores dilapidan recursos en festivales. Entre esos dos extremos (la academia y la farándula), ensayó una lectura inédita: dijo que ganó con la derrota de la “Ley Ómnibus”.

Ese proyecto, en esencia, contenía buena parte de la política económica de la gestión: luego de perder la mitad de los artículos en la negociación para obtener su sanción en general, volvió el expediente “a comisión” por los reveses que sufría en el tratamiento en particular. ¿Cuál triunfo es ese? Milei reivindica que él personalmente ordenó retirar el proyecto. Pero, habiendo sido arquero de fútbol, sabe que a la propuesta fue a sacarla “de adentro del arco”. Su regocijo, explicó, se debe a que han quedado expuestos los intereses “de casta” de los gobernadores y que él les recordará este episodio a los argentinos en 2025, para los comicios de medio término. No va a ser el último dirigente que intente “vender futuro”, pero si es el primero en comprarse a sí mismo el consuelo.

Claro está, en medio apareció Cristina Fernández de Kirchner. Y dejó en claro que, a la hora de la inconsistencia entre el “relato” y la realidad, y a la hora de la incoherencia entre lo que se dice y lo que se ha hecho, nadie va a disputarle el centro de la escena.

Colcha corta

Mediante un documento de 33 páginas, la dos veces ex Presidenta e vertió una serie de conceptos que tienen un denominador común: Cristina se pronuncia sin el menor registro de la responsabilidad del kirchnerismo, y de la suya en particular, respecto de la crisis de la Argentina. Y sin memoria no puede haber verdad. Y sin verdad no puede haber justicia.

Subraya el desacuerdo del kirchnerismo con la renegociación de “el Gobierno” con el FMI y destaca que diputados y senadores “K” votaron en contra. Omite, eso sí, que nunca renunciaron a ninguna de las “cajas” del Estado: ni la Anses, ni el PAMI, ni Aerolíneas, ni el Banco Nación, y siguen los éxitos de La Cámpora. Se ve que tan “en desacuerdo” no estaban. Cuestiona “el incumplimiento de contrato electoral del Frente de Todos”, como si ella hubiese sido ajena a esa coalición y también al Gobierno, del cual era la segunda autoridad constitucional. A Alberto, el incumplidor, lo escogió ella personalmente. Y lo anunció por YouTube el 18 de mayo de 2019. Hace hincapié en la admiración de Milei con Menem, sin reparar en la que ella y su marido profesaban por el riojano en los 90, tal como los documentan las fotos de la época, en la que se retrataban con entusiasmo con “el Carlos”.

Reniega de la “extranjerización irreversible” que propicia el nuevo Gobierno, cuando el kirchnerismo no extravió a la Argentina en un “Triángulo de las Bermudas” de alineamiento internacional, sino en dos. Haciendo gala de un doble estándar alarmante, hablaban de derechos humanos en el país, mientras los socios preferidos en la región eran las dictaduras de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Y, más allá de los océanos, China, Rusia e Irán, memorándum secreto incluido.

“La Argentina está en un lugar que nunca conoció”, escribió la vicepresidenta del Gobierno que, en 2019, recibió un país con un 35,5% de pobreza y, en la primera mitad de 2023, ya lo había elevado al 40,1%. “Ajuste feroz”, redactó la socia política de Alberto, con quien, tan sólo en 2023, amasó una inflación del 211,4%. A esos niveles, el impuesto inflacionario se encarga de hacer un ajuste “sucio” y por las malas. Un ajuste que, sobre todo, lo pagan los pobres. Esos que tanto supieron multiplicar…

Cristina llega al paroxismo de denunciar la “repetición del pasado que fracasó”. Es decir, cree que habla de la gestión de Milei cuando, en realidad, ese título le cabe al cuarto gobierno kirchnerista que la tuvo a ella como Presidenta del Senado hasta diciembre.

Pero no sólo es el pasado político kirchnerista el que la desautoriza, sino también los hechos económicos mensurables en números: los datos más allá del “relato”. El “paper” de Cristina comienza con un clásico populista: la pretensión de que la inflación no es un fenómeno monetario. El problema de este negacionismo es que, además de falaz, es una “colcha corta”. Cristina sostiene que la emisión no genera inflación para intentar eludir su responsabilidad con la quiebra de la moneda nacional. Pero para ello aduce que el problema de la inflación es la falta de dólares: tan luego ella, que acaba de dejar, durante su gestión con Alberto, un Banco Central en llamas.

“A diferencia de lo que se afirma habitualmente, en cuanto a que el principal problema de la economía argentina es el déficit fiscal y la principal causa de la inflación, la emisión monetaria necesaria para cubrirlo; nosotros sostenemos que la inflación en Argentina se dispara ante la escasez de dólares y que el endeudamiento compulsivo en dicha moneda no hace más que agravar dicha escasez al profundizar la ya conocida y estructural restricción externa de nuestra economía bimonetaria”, anotó. Los números oficiales descolocan tanto esta aserción como a su autora.

Si la inflación es consecuencia de la falta de dólares, la responsabilidad kirchnerista en esta crisis es palmaria. Los gobiernos “K” han sido dilapidadores compulsivos de reservas del BCRA.

* Siguiendo siempre los informes del Banco Central, cuando Cristina asumió la primera magistratura del país, el 10 de diciembre de 2007, las reservas brutas alcanzaban los 45.600 millones de dólares. Cuando ella dejó la Casa Rosada, el 10 diciembre de 2015, las reservas brutas totalizaban 24.900 millones de dólares. Léase, 20.700 millones de dólares menos.

* Con esos 24.900 millones de dólares asumió Mauricio Macri en 2015. Cuando le entregó las llaves del despacho a Alberto Fernández, el 10 de diciembre de 2019, las reservas habían aumentado a 43.800 millones: son 18.900 millones de dólares más. Es cierto: el endeudamiento externo explica esa cifra en buena medida. Pero, como se verá, el kirchnerismo incrementó el endeudamiento, sin aumentar las reservas. Todo lo contrario.

* Cuando el 10 de diciembre de 2019 Alberto Fernández recibe el poder, secundado por Cristina, las reservas brutas del BCRA eran los 43.800 millones de dólares que dejó Macri. En diciembre pasado, cuando entregó la Presidencia, las reservas brutas eran de 21.200 millones de dólares. Es decir, 22.600 millones de dólares menos. Huelga decirlo, durante esos cuatro años no se desendeudó a la Argentina, sino todo lo contrario.

* A julio pasado, la deuda de la Argentina con el FMI era de 43.500 millones de dólares. Es decir, se siguen debiendo prácticamente los U$S 44.000 millones que tomó Cambiemos. ¿Por qué? Porque el cuarto gobierno “K”, más que “pagar”, casi todo lo refinanció. Mayormente entre el primer semestre de 2023 y todo 2022, la actual gestión le pagó unos U$S 33.400 millones al FMI, pero casi todo provino de los desembolsos del mismísimo FMI en el marco de la renegociación acordada por el Frente de Todos. Hoy Unión por la Patria. Es decir, el cuarto gobierno kirchnerista.

* Javier Milei asumió hace dos meses con los 21.200 millones de reservas brutas que le dejaron Alberto, Cristina y Sergio Massa. Al jueves de la semana pasada, las reservas brutas del BCRA registraban 26.400 millónes de dólares. Es decir, 5.200 millones de dólares más.

Para mayores incongruencias, el texto de Cristina se titula: “Argentina en su tercera crisis de deuda”. Sin embargo, no menciona la evolución de la deuda durante los cuatro gobiernos “K”. De un informe publicado en Clarín por el periodista y economista Ismael Bermúdez surge un esquema sintético:

* En 2005, durante el Gobierno de Néstor Kirchner y tras el “megacanje”, la deuda pública era de 154.000 millones de dólares.

* En diciembre de 2015, Cristina dejó la Presidencia con una deuda pública de 241.000 millones de dólares. Es decir, 87.000 millones de dólares más. Durante su primera gestión, 2007/2011, hubo una fuerte salida de capitales, lo que motivó la aplicación del “cepo”.

* En diciembre de 2019, Macri deja el gobierno con un endeudamiento público de 323.000 millones de dólares. Es decir, 82.000 millones más. En este período se tomó el crédito de 44.000 millones de dólares con el FMI. Se levantó el “cepo cambiario” en el comienzo, hubo una importante salida de capitales y el Gobierno tuvo que volver a colocar el “cepo”.

* En noviembre pasado, al final de la gestión de Alberto y de Cristina, la deuda sumaba 423.000 millones de dólares. Es decir, 100.000 millones de dólares más.

Cuando los conceptos de Cristina son traducidos en cifras, la falacia kirchnerista es evidente. Si la inflación es un fenómeno monetario, son responsables: dejaron circulando en pesos el equivalente a 8.000 millones de dólares. Y en deuda remunerada en pesos (leliqs y pases) hay otros 23.000 millones de dólares. Si, en cambio, la inflación es responsabilidad de la deuda y la escasez de dólares, son más responsables, todavía. Entre dichos y hechos, son culpables en todo el trecho.

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