Con un arranque arrollador, Atlético Tucumán venció a Progreso y cerró la gira con puntaje ideal

Gracias a un doblete de Ruiz Rodríguez, el "Decano" se impuso 2-1 en un encuentro con dos caras: brilló en el inicio, pero debió resistir con diez en el complemento tras la expulsión de Laméndola.

DESBORDE. Ignacio Galván intenta deshacerse de su marca por banda izquierda. El lateral concretó un buen partido y salió reemplazado por Ramiro Paunero sobre el final. DESBORDE. Ignacio Galván intenta deshacerse de su marca por banda izquierda. El lateral concretó un buen partido y salió reemplazado por Ramiro Paunero sobre el final.

Jugar bien al fútbol también es saber manejar los momentos del partido. Y si Atlético Tucumán pretende jugar bien, tuvo una interesante prueba de fuego. Con un doblete de Ramiro Ruiz Rodríguez, el “Decano” superó 2-1 a Progreso en la Serie Río de la Plata y logró sacar adelante un encuentro que comenzó a su favor, pero que se complicó más de la cuenta con el pasar de los minutos.

El conjunto dirigido por Hugo Colace tuvo un comienzo arrollador. Se vio tal vez lo mejor de Atlético en el último tiempo, con el equipo presionando alto, recuperando rápido la pelota y creando múltiples ocasiones de gol. Si el DT pretende un equipo vertical e intenso, esos primeros 20 minutos son el horizonte desde el cual debe construir.

En ese lapso, el “Decano” anotó sus dos goles e hizo méritos para llevarse el partido. El primero llegó mediante una gran jugada colectiva, con Leandro Díaz bajando a pivotear de primera y Renzo Tesuri junto a Ruiz Rodríguez atacando el área rival por dentro. Tras una sucesión de pases de primera, “RRR” quedó mano a mano con el arquero y definió con precisión de zurda para abrir el marcador en apenas cuatro minutos.

La tónica se mantuvo. Donde había un jugador de Progreso, había tres de Atlético. El “Decano” volvía a ser un equipo con hambre. La pelota le duraba lo que un caramelo a un niño al equipo uruguayo y era un monólogo tucumano. Para colmo de males del rival, Nicolás Laméndola seguía inspirado: se vistió de armador para filtrar un gran pase al espacio para Ruiz Rodríguez, quien hizo lo que mejor sabe: imponerse con su velocidad. El delantero ganó la posición y definió cruzado, con poco ángulo, pegado al palo. Dos goles y 100% de efectividad para el tucumano, que necesitará mantener esa templanza frente al arco si pretende erigirse como una de las cartas de gol esta temporada. Tiene con qué: el esquema y el estilo del DT lo favorecen.

Cuando parecía que el encuentro podía decantar en goleada, el trámite cambió. Progreso empezó a animarse. Ya no era el equipo que se sacaba de encima la pelota; comenzó a crecer con la tenencia y a adelantarse en el campo. De repente, Atlético ya no dominaba, no se asociaba, no generaba juego ni llegaba al arco rival.

El equipo parecía haberse desconectado. No lucía como un problema físico, sino mental. Porque la presión no sólo exige piernas; al ser un trabajo coordinado en bloque, demanda concentración absoluta. Esa misma que Atlético tuvo en el arranque para ahogar a su rival, pareció perderla progresivamente mientras moría la primera etapa. Y cuando Progreso mejor estaba, un error en la salida de Luis Ingolotti permitió el descuento del “Gaucho” antes del descanso.

Con el complemento, apareció la lluvia y una muy mala noticia para Atlético. A la baja del capitán Leonel Di Plácido unos minutos atrás (acusó una molestia muscular), se le sumó la expulsión de Laméndola por doble amarilla. Atlético pasó del 4-3-3 al 4-4-1 y se propuso cuidar el resultado.

Salvo por el ingreso casi inmediato de Franco Nicola, Colace decidió mantener la base hasta cerca del minuto 60, cuando ingresaron Maximiliano Villa (ocupó la zaga central), Martín Ortega (extremo por izquierda), Martín Benítez (volante central) y Leonel Vega (quien reemplazó a Ezequiel Ham, el “5” del equipo ante la ausencia de Kevin Ortiz).

Un complemento opaco

Si el primer tiempo -o gran parte de él- había sido de Atlético, el segundo fue totalmente de Progreso. El “Decano”, con uno menos y bajo el agua, debió limitarse a resistir las embestidas de los uruguayos, que exigieron la respuesta de Gastón Suso en su debut y del arquero en más de una oportunidad. En este punto, Atlético ya no quería “jugar bien”; quería ganar. Y exponerse a esa situación también es positivo: el grupo debe comprender que habrá momentos en los que no podrá presionar ni llenar de gente el área rival, sino que deberá refugiarse para asegurar los tres puntos.

Por ese motivo, Atlético volvió a aprender. Y lo mejor de todo es que lo hizo ganando. El equipo dirigido por Colace tiene 20 minutos de fútbol ideal como base para construir y 70 minutos desafiantes que logró sobrellevar para cerrar la gira en Uruguay con puntaje perfecto.

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