Alarma por la morosidad bancaria: el 9,3% de las familias argentinas no logra pagar sus deudas
La morosidad bancaria volvió a encender señales de alerta en la Argentina tras cerrar 2025 con un índice general de irregularidad del 5,5%. El dato confirma una tendencia ascendente que preocupa al sistema financiero, especialmente por el fuerte deterioro en los préstamos otorgados a personas físicas.
ECONOMÍA. La morosidad de los hogares argentinos volvió a subir en noviembre. Foto tomada de 0021.
Según cifras oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), mientras que la mora en empresas se ubicó en 2,5%, en los créditos a familias escaló al 9,3%. En términos concretos, más de 9 de cada 100 hogares presentan dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.
Créditos personales y prendarios, el foco del problema
El mayor nivel de atraso se concentra en los créditos personales y prendarios, segmentos que crecieron con fuerza durante el último año en un contexto de recuperación del crédito al sector privado.
Esa expansión, sin embargo, implicó una mayor exposición al riesgo. Entre los factores que explican el deterioro se destacan:
Tasas de interés todavía elevadas
Inflación persistente
Falta de una recomposición salarial sostenida
Estos elementos reducen el margen disponible de las familias para afrontar cuotas mensuales y presionan sobre el consumo interno.
A pesar del aumento de la morosidad, el crédito al sector privado registró un crecimiento del 36,9% en términos reales durante 2025, considerando operaciones en pesos y en dólares. El dinamismo del financiamiento convivió así con un deterioro en la calidad de la cartera.
Alerta roja en entidades no bancarias: mora del 22,8%
El escenario es aún más delicado fuera del sistema bancario tradicional. En cooperativas, mutuales y financieras de consumo, el índice de irregularidad alcanza el 22,8%, casi uno de cada cuatro préstamos.
Este segmento concentra a sectores de menores ingresos que no acceden al crédito formal y presentan mayor vulnerabilidad ante shocks económicos. La capacidad de refinanciación es más limitada y el riesgo crediticio significativamente más alto.
El dato enciende una señal de alerta sobre la fragilidad financiera de los hogares más expuestos y su impacto potencial en el consumo y la actividad.
Cambio en el modelo financiero
La suba de la morosidad se da en un contexto de transformación estructural del sistema bancario. Durante la gestión del presidente Javier Milei, las entidades comenzaron a modificar la composición de sus activos.
Actualmente, el crédito a empresas y familias representa el 43,9% del activo total del sistema financiero, desplazando progresivamente el peso del financiamiento al sector público —como Leliqs, pases y bonos del Tesoro— que había sido central en la rentabilidad bancaria durante el gobierno de Alberto Fernández.
Este giro implica una mayor exposición al riesgo privado y una sensibilidad más directa a la evolución del empleo, los salarios y la actividad económica.
Qué puede pasar en 2026
La evolución de la morosidad bancaria será una variable clave durante 2026. Si se consolida una recuperación del ingreso real y una desaceleración sostenida de la inflación, el nivel de irregularidad podría estabilizarse.
En caso contrario, el sistema financiero enfrentará mayores desafíos, especialmente en el segmento de crédito al consumo, donde hoy se concentra la mayor vulnerabilidad.
La capacidad de pago de las familias será determinante no solo para la estabilidad bancaria, sino también para el desempeño del mercado interno en los próximos meses.























