El futuro de la agroindustria cañera depende de un sistema integral más que de un factor aislado
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Expertos del CREA, Eeaoc e INTA concluyeron el 23 de abril en Tucumán que la agroindustria cañera requiere un sistema integral para asegurar su productividad y rentabilidad futura.
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El enfoque técnico prioriza la genética, rotación y nutrición del suelo, mientras los ingenios buscan redefinir su relación con los cañeros tratándolos como socios estratégicos.
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El sector apunta a profesionalizar la comercialización y expandir mercados de exportación y bioetanol, dejando atrás conflictos históricos para potenciar la economía regional.
VÍNCULO EN DEBATE. Referentes de los principales grupos azucareros del país coincidieron en que la relación entre ingenios y productores cañeros transita una etapa de revisión y de redefinición.
Especialistas de los Consorcios Regionales de Experimentación Agropecuaria (CREA), de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), de la Estación Experimental Agropecuaria Famaillá del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y otros expositores concluyeron en la Jornada de Actualización Técnica Cañera (JAT) que se realizó el 23 de abril en la Sociedad Rural de Tucumán (SRT) -organizada por CREA Región NOA- que para el futuro de esta gran agroindustria la mejora de la productividad cañera depende cada vez menos de un factor independiente y cada vez más de un sistema integral y de decisiones agronómicas concretas.
Quedó claro que el ambiente continúa marcando diferencias; sobre todo, en cuanto a la presencia de lluvias y a la heterogeneidad agroecológica. Pero se destacó que la genética, la edad del cañaveral, la nutrición y la rotación cumplen roles clave en la mejora de la productividad, ya que aparecen como las variables donde existe margen real de acción. Debido a ello, sobre estas se debe actuar.
En esta edición de LA GACETA Rural se pondrá énfasis en el nuevo escenario para la agroindustria sucroalcoholera, difundiendo las opiniones que surgieron durante el bloque final de la actividad.
Sobre el cierre de la Jornada Cañera CREA Región NOA, referentes de los principales grupos azucareros del país coincidieron en que la relación entre ingenios y productores cañeros transita una etapa de revisión y de redefinición, atravesada por nuevas generaciones, por mayores exigencias productivas y por la necesidad de construir acuerdos más estables. La agenda común, sin embargo, no se limita a lo vincular: también incluye los desafíos estructurales de la producción de azúcar, la exportación y el desarrollo del bioetanol.
Catalina Rocchia Ferro, de Compañía Azucarera Los Balcanes, puso el eje en desarmar uno de los principales supuestos históricos del sector: la confrontación entre industriales y cañeros. “Hay una leyenda muy marcada sobre este tema, y no es así”, afirmó. En su mirada, los conflictos responden más a tensiones cotidianas propias de cualquier vínculo que se desgasta con el tiempo, y subrayó que el 85% de la caña de azúcar que muelen los ingenios tucumanos pertenece a los cañeros. “En el caso de Los Balcanes, un poco más”, añadió.
Desde su experiencia en Los Balcanes, remarcó el valor de la confianza construida en el tiempo: “Jamás me han soltado la mano mis cañeros”. Y planteó un horizonte común: “Tenemos la obligación moral generacional y productiva, cañeros e industriales, de sacar adelante a Tucumán”.
En la misma línea, Matías Roselli, del grupo Ledesma, subrayó el carácter estratégico del productor: “Los cañeros no son proveedores, son un jugador central en nuestra industria. Los consideramos socios estratégicos”. Explicó que la relación se construye con una lógica de largo plazo, integrando a los agricultores en todos los mercados: interno, exportación y alcohol.
Sebastián Budeguer, del Grupo Budeguer, reforzó esa idea desde una definición estructural: “Es una sociedad natural. Un ingenio sin caña o una caña sin ingenio pierden sentido económico”. Y descartaó la posibilidad de pensar negocios sin articulación entre ambas partes.
Por su parte, Diego Cagna, de Ingenios de Tucumán, aportó una mirada más operativa, atravesada por la dependencia directa de los productores: “Para nosotros, el vínculo con el cañero es un tema de supervivencia”. En ese sentido, planteó que el desafío ya no pasa por discutir diferencias puntuales en la liquidación, sino por mejorar la comercialización: “Hoy el foco no tiene que estar en pelearnos por un kilo más de azúcar, sino en cómo vender mejor”.
Según Cagna, el foco también debería ser alcanzar niveles significativos en el precio del azúcar en el mercado interno y remarcó el salto de más del 100% en el valor de la bolsa de azúcar a fines de 2026, de alrededor de $18.000 a $35.000. “No hay que perder el tiempo en peleas por arreglo puntuales; el desafío es apuntar a mercados de exportación con calidad y buenos precios”, expresó























