UN BUEN ALIADO. Los agricultores conocen las bondades que posee el barbecho de maíz para acumular la humedad en los suelos.
La conservación del agua en el suelo es el resultado de la interacción de una serie de factores y de procesos, como las lluvias, la evapotranspiración, las propiedades de suelo y la cantidad y la calidad de rastrojo dejada por el cultivo precedente.
Debido a este último factor, las rotaciones y secuencias de cultivos comunes en nuestra área de producción de granos inciden en forma diferencial en el contenido de agua útil, es decir, aquella disponible para las plantas.La experiencia se realizó en suelos de la llanura Chacopampeana sub-húmeda seca y semiárida del este tucumano, desde 1999 a la fecha, con monitoreos quincenales de la humedad del suelo, hasta la profundidad de 180 cm utilizando sonda de neutrones. Se evaluaron determinaciones realizadas en el período mayo-octubre en lotes provenientes de maíz y en lotes de soja, con y sin cultivo de trigo dentro de las rotaciones maíz-soja-trigo y soja-trigo.
La evapotranspiración potencial promedio en la región, en el período que va desde la tercera década de mayo hasta la primera de octubre (130-140 días), fue de 3,2 mm/día. Este período se caracteriza por una baja ocurrencia de lluvias y por lo tanto de reposición de agua en el suelo.
Al comienzo del barbecho los lotes provenientes de maíz presentaron un contenido de agua útil entre el 20% y el 30% menos que en los lotes con soja. Esto estuvo en relación directa al requerimiento de agua del cultivo de maíz.
Al final del período de barbecho, la capa de suelo de 0-50 cm de profundidad perdió entre el 30% al 40%, de humedad por evaporación, respecto del contenido hídrico inicial. Las pérdidas a mayores profundidades no fueron significativas.
Estas condiciones determinaron que, al no ser limitante la temperatura de suelo y al permanecer con buen contenido de humedad, el ciclo del nitrógeno no sea interrumpido y que en octubre surjan diferencias altamente significativas en los contenidos de nitratos en relación con lotes con la rotación soja-trigo.
En cambio, los lotes que provenían de soja, aún cuando comenzaron el período de barbecho con mayor cantidad de agua útil almacenada respecto del maíz, a octubre registraron pérdidas muy superiores.
Estuvieron en el orden del 80% a profundidad de 0-50 cm, del 65% entre 50-100 cm, y del 54% entre 0-180 cm.
Esto determinó una baja eficiencia del agua útil almacenada en el suelo.
Las diferencias surgidas durante el barbecho con rastrojo de maíz en relación al de soja se explican por el gran volumen de rastrojo aportado por el primero y por su menor tasa de descomposición.
En lotes en los que se sembró trigo después de la soja las pérdidas por evapotranspiración fueron del orden del 98% en la capa de 0-50 cm, 86% entre 50-100 cm, y 71% entre 0-180 cm. Esto determinó que al momento de la cosecha de trigo los suelos estén muy próximos al punto de marchitez.
El contenido hídrico del suelo al inicio del período de medición (tercera década de mayo) dependió, entre otros factores, de la duración del ciclo de la variedad de soja sembrada. Las de ciclo corto permitieron un mayor almacenaje de agua útil en el perfil del suelo.
En esta experiencia se evaluó también el uso eficiente del agua del cultivo de trigo, que varió entre 5 y 16 kilogramos de grano por milímetro de agua evapotranspirada. En esta ecuación tuvieron incidencia las propiedades del suelo, como el contenido de materia orgánica, la estabilidad estructural y la presencia de capas compactadas, que influyeron fuertemente en la distribución del sistema radicular del trigo y, por lo tanto, en la disponibilidad de elementos nutritivos.
El contenido de agua útil almacenada en el suelo en los meses en los que el balance hídrico es muy negativo, se relaciona íntimamente con la rotación y/o secuencia de cultivos utilizada.
En los lotes con cultivo precedente con maíz las pérdidas de agua útil son bajas y hacen que las bondades del barbecho se manifiesten.
Las pérdidas de humedad de suelo en la secuencia soja-trigo son muy importantes y el perfil de suelo, hasta los 180 cm, llega a estar muy próximo al punto de marchitez. Esta condición determina que la fecha de siembra de la soja esté sujeta a que se restablezca el perfil hídrico del suelo.
Además de la cantidad de agua útil almacenada, en los rendimientos de trigo juega un rol fundamental la fertilidad química y física del suelo. Dentro de esta última, la presencia de capas compactadas es relevante en la distribución del sistema radicular. Y por ende, en la eficiencia del uso del agua, determinando diferencias significativas en los rendimientos.
En la decisión de sembrar trigo hay que tener en cuenta la rotación utilizada, el ciclo de la variedad de soja implantada y desde luego la fertilidad química y física del lote.





















