Temor en Europa por alimentos contaminados

Ni las autoridades ni los consumidores de la Unión Europea pueden determinar qué tipo de vegetales contienen la bacteria Escherichia coli, que causó la muerte de 23 personas en Alemania y desató una "cacería de brujas" en el sector productivo primario de la eurozona. La higiene es la principal herramienta para contrarrestarla. Existen protocolos de producción segura.

En los últimos días la noticia sobre el sector agropecuario que más relevancia tuvo en todos los medios informativos fue la contaminación de alimentos con la bacteria Escherichia coli y sus consecuencias, ya que causó la muerte de unas 23 personas en Alemania. Esa noticia puso en la picota a la producción de alimentos en esa región europea y dio paso a una "cacería de brujas" para determinar el origen de esa contaminación. Comenzaron apuntando a la producción española de pepinos y luego a la producción de brotes de soja de diferentes partes de Europa, pero nada está del todo claro.
La muerte de 23 personas a causa de la contaminación de los alimentos provocó pánico y este inconveniente, que afectó la salud pública, hizo que los agricultores de todo el continente europeo vean caer las ventas de sus productos vegetales usados en ensaladas, ya que esas verduras fueron culpadas inicialmente por el brote de Escherichia coli.
Realmente es grave que todavía no se sepa concretamente qué alimento afectó y mató a las personas que inicialmente lo consumieron, ya que el temor entre la gente es creciente y solo perjudica la producción de alimentos de esa importante región. También afecta a otras regiones del mundo.
Hoy los especialistas en salud pública en el mundo afirman que, para evitar que la gente se infecte con esta bacteria en la preparación de los alimentos, hay que asegurarse que las carnes estén bien cocidas, y en el caso de los vegetales, que estén bien lavados y, siempre que se pueda, se consuman cocidos. Pero también hay que tener especial cuidado en evitar la contaminación cruzada en la elaboración de las comidas, que es la que se produce por contacto con alimentos o utensilios mal lavados.
Por suerte, los especialistas en estos temas afirman que la bacteria que produjo este brote no fue detectada en la Argentina. No está hoy en los registros de ningún instituto especializado el estudio de esta bacteria, ni ha sido referenciada por los investigadores locales. No obstante, se advirtió que en la Argentina hay otras cepas parecidas que producen un cuadro similar y son de muy alto riesgo.

El objetivo
Actualmente nos enfrentamos a diferentes especulaciones sobre las diferentes fuentes de contaminación y la posibilidad de que esta bacteria aparezca en distintos alimentos. Algunos dicen que el sistema de producción que se esté empleando no es el correcto; que quizás estén abonando la tierra con residuos que estarían contaminados con materia fecal; que el agua que se usa para regar podría estar contaminada; que el agua que se usa en las casas para lavar las frutas y verduras está contaminada; que las cadenas de frío no funcionan, y muchos argumentos más.
Son meras especulaciones que no le sirven a los consumidores, que son quienes deben tener en cuenta que hay que comprar y consumir productos seguros e inocuos, y que tienen que respetar a rajatabla la higiene personal y la correcta elaboración de los alimentos en cada uno de los hogares.
Decir alimentos que tengan una segura inocuidad no es nuevo. La actual tendencia mundial es, precisamente, la seguridad agroalimentaria que solo la brindan el cumplimiento de las normas de producción y de calidad, que tienen un protocolo establecido para obtener de esa manera alimentos seguros.
No hay dudas de que la producción de alimentos inocuos tiene sus bemoles y, en general, en el mundo productivo lo conocen y la mayoría lo aplica. Sin embargo, el problema es cómo llega ese alimento producido a las manos de los consumidores. Un ejemplo común es la carne que se contamina cuando toca algo contaminado, o tal vez no se faenó correctamente, o se cortó su cadena de frío.
Los vegetales y frutas tampoco tienen la bacteria presente, pero pueden contaminarse en algún eslabón de su cadena productiva o al final de la comercialización, antes de consumirla, al ponerlos en contacto con algo contaminado.
Ya existen en el mercado diseños tecnológicos de sistemas de gestión, aseguramiento de la calidad y garantía de trazabilidad en cuanto al origen valor agregado y la forma en el cual el alimento fue producido, que permiten los productores poder cumplir con lo que marca el protocolo sanitario y lo que el consumidor necesita.
La inocuidad no viene sola, debe trabajarse en toda la cadena de producción. Esto tiene que ver con el cumplimiento de las normas de calidad y de producción que aseguren la sanidad alimentaria.
Pero esto sólo no basta si no hay controles por parte de los organismos oficiales, sobre todo en la última etapa, que es la comercialización.
Estas acciones son fundamentales para lograr el objetivo buscado: que los alimentos lleguen sanos a la boca del consumidor y que este no tenga, como ocurre en Europa, miedo a ingerirlos.

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