Por Gustavo Frías Silva
01 Julio 2011
La agroindustria padece los cortes de gas
En los últimos años se repite la fórmula, sin solución de continuidad: se restringe la provisión de energía a las industrias en plena zafra azucarera y citrícola, lo que genera la paralización de las actividades desde el campo hasta las fábricas. Tucumán posee un potencial inexplotado para la generación de energía renovable, que requiere un estudio y las inversiones del Estado.
Tucumán es una pequeña provincia con grandes emprendimientos productivos, tecnológicos, educativos de todos los niveles y con una gran infraestructura para poder invertir, ya que esta provincia da para producir en lo que se desee. Tucumán cuenta con una gran cantidad de regiones agroecológicas que permiten la producción de una infinidad de productos que se adaptan a esas zonas. Sin embargo, nos falta energía para funcionar adecuadamente.
Esto es lo que realmente está sucediendo en esta pequeña provincia y en todo el país, ya que cuando comienza el frío la energía debe ser derivada a las grandes urbes y concentraciones de habitantes, paralizando las actividades agroindustriales, textiles y afines, para que la gente -donde los mayores de 18 años están habilitados para votar-, no se mueran de frío.
Esta es una constante que, lamentablemente, viene sucediendo todos estos años, cada vez que una ola polar ingresa al país y baja la temperatura para todos.
El frío, afirman los estudiosos, enfría la actividad cerebral. Ese sería el factor que incide para que se haga, poco y nada, para mejorar esta cuestión energética que depende de las condiciones climáticas y no de la inteligencia de los hombres, que no piensan en el futuro a largo plazo y sólo miden el cortoplacismo.
Tiene que llegar el día en que todos los factores involucrados nos juntemos a pensar qué es lo que necesitamos de energía en los próximos 50 años y, de esa manera, ponerse a estudiar, proyectar, buscar financiamiento y empezar con la ejecución de las obras que necesitamos, para evitar este proceso de cortes de energía. Lo preocupante es que estamos empezando a acostumbrarnos a que estos cortes se suceden, demasiados frecuentes para el sector industrial argentino. En ese debate deben estar involucrados "todos", clase dirigente y empresarial, porque no se concibe que existiendo en Tucumán un gran potencial biomásico, derivado de nuestras propias actividades agrícolas y agroindustriales -para la generación de energía eléctrica y calórica-, no esté siendo aprovechado adecuadamente.
Biomasa y energía
De allí es que la mayor parte de la generación de electricidad proviene de las centrales termoeléctricas, y el gas de las reservas o de la importación del fluido, dando a la Argentina una alta dependencia, energética, de los combustibles fósiles.
El aprovechamiento de estos recursos, para la generación de energía, se muestra como una alternativa económica y medioambientalmente viable, para contribuir a la generación de electricidad y combustible para la alimentación de calderas.
Hay excepciones al respeto que si están usando alternativas energéticas como el bagazo, la madera o el fuel oil. Pero resulta casi inadmisible que cada vez que se toma una medida como la de cortar el suministro de gas, se produzcan paralizaciones de las labores en los ingenios y citrícolas, que no pueden mover sus maquinarias.
El aprovechamiento de los recursos biomásicos procedentes de la economía regional, como los derivados de la industria azucarera y del manejo de las plantaciones de cítricos (poda), se muestran como una oportunidad para la cogeneración de energía eléctrica y para la alimentación de las calderas de todos los establecimientos industriales.
El Gobierno nacional dispuso que el consumo de energía para los habitantes sea primordial, algo no discutible, por lo que las industrias que tienen contratos en firme no recibirán cortes, y en el caso de las empresas con contratos interrumpibles recibirán cortes programados. El problema es que los ingenios trabajan 150 días al año y las citrícolas algo más de 100 días, ya que están regidos por leyes biológicas que dicen que tenemos caña y limones sólo durante ese lapso de tiempo en el año y no los 365 días.
El problema es estructural, no hay gas, no hay energía, pero nos falta mirar hacia el futuro.
Las pérdidas que se ocasionan por perder un día de zafra azucarera son importantes. Basta decir que no se muelen 93.000 toneladas de caña de azúcar, que acarrean la no utilización de fletes, reparaciones, mano de obra, servicios de cosecha y el equivalente de azúcar que se puede obtener, mientras que en la industria citrícola no se muelen 12.000 toneladas, ni se procesan 150.000 cajas de limón si se paran todos los empaques en un día, lo que también debe traspolarse a la mano de obra, insumos y servicios que no se mueven.
De una vez por todas, el sector agroindustrial e industrial deben juntarse con los que toman decisiones políticas de inversión de infraestructura, a trabajar para solucionar este problema.
Pero los empresarios no deben depender de que alguien disponga cerrar la llaves y dejarlos sin energía, por lo que también deben trabajar, puertas adentros, en las alternativas energéticas que se disponen y están al alcance de la mano.
Esto es lo que realmente está sucediendo en esta pequeña provincia y en todo el país, ya que cuando comienza el frío la energía debe ser derivada a las grandes urbes y concentraciones de habitantes, paralizando las actividades agroindustriales, textiles y afines, para que la gente -donde los mayores de 18 años están habilitados para votar-, no se mueran de frío.
Esta es una constante que, lamentablemente, viene sucediendo todos estos años, cada vez que una ola polar ingresa al país y baja la temperatura para todos.
El frío, afirman los estudiosos, enfría la actividad cerebral. Ese sería el factor que incide para que se haga, poco y nada, para mejorar esta cuestión energética que depende de las condiciones climáticas y no de la inteligencia de los hombres, que no piensan en el futuro a largo plazo y sólo miden el cortoplacismo.
Tiene que llegar el día en que todos los factores involucrados nos juntemos a pensar qué es lo que necesitamos de energía en los próximos 50 años y, de esa manera, ponerse a estudiar, proyectar, buscar financiamiento y empezar con la ejecución de las obras que necesitamos, para evitar este proceso de cortes de energía. Lo preocupante es que estamos empezando a acostumbrarnos a que estos cortes se suceden, demasiados frecuentes para el sector industrial argentino. En ese debate deben estar involucrados "todos", clase dirigente y empresarial, porque no se concibe que existiendo en Tucumán un gran potencial biomásico, derivado de nuestras propias actividades agrícolas y agroindustriales -para la generación de energía eléctrica y calórica-, no esté siendo aprovechado adecuadamente.
Biomasa y energía
De allí es que la mayor parte de la generación de electricidad proviene de las centrales termoeléctricas, y el gas de las reservas o de la importación del fluido, dando a la Argentina una alta dependencia, energética, de los combustibles fósiles.
El aprovechamiento de estos recursos, para la generación de energía, se muestra como una alternativa económica y medioambientalmente viable, para contribuir a la generación de electricidad y combustible para la alimentación de calderas.
Hay excepciones al respeto que si están usando alternativas energéticas como el bagazo, la madera o el fuel oil. Pero resulta casi inadmisible que cada vez que se toma una medida como la de cortar el suministro de gas, se produzcan paralizaciones de las labores en los ingenios y citrícolas, que no pueden mover sus maquinarias.
El aprovechamiento de los recursos biomásicos procedentes de la economía regional, como los derivados de la industria azucarera y del manejo de las plantaciones de cítricos (poda), se muestran como una oportunidad para la cogeneración de energía eléctrica y para la alimentación de las calderas de todos los establecimientos industriales.
El Gobierno nacional dispuso que el consumo de energía para los habitantes sea primordial, algo no discutible, por lo que las industrias que tienen contratos en firme no recibirán cortes, y en el caso de las empresas con contratos interrumpibles recibirán cortes programados. El problema es que los ingenios trabajan 150 días al año y las citrícolas algo más de 100 días, ya que están regidos por leyes biológicas que dicen que tenemos caña y limones sólo durante ese lapso de tiempo en el año y no los 365 días.
El problema es estructural, no hay gas, no hay energía, pero nos falta mirar hacia el futuro.
Las pérdidas que se ocasionan por perder un día de zafra azucarera son importantes. Basta decir que no se muelen 93.000 toneladas de caña de azúcar, que acarrean la no utilización de fletes, reparaciones, mano de obra, servicios de cosecha y el equivalente de azúcar que se puede obtener, mientras que en la industria citrícola no se muelen 12.000 toneladas, ni se procesan 150.000 cajas de limón si se paran todos los empaques en un día, lo que también debe traspolarse a la mano de obra, insumos y servicios que no se mueven.
De una vez por todas, el sector agroindustrial e industrial deben juntarse con los que toman decisiones políticas de inversión de infraestructura, a trabajar para solucionar este problema.
Pero los empresarios no deben depender de que alguien disponga cerrar la llaves y dejarlos sin energía, por lo que también deben trabajar, puertas adentros, en las alternativas energéticas que se disponen y están al alcance de la mano.
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