Doctorado, mérito y sentido universitario
Además de no coincidir para nada con el espíritu de la carta del lector Juan Marcotullio (“Doctorado, mérito y sentido universitario”, 27/12), debo también resaltar un par de contradicciones en sus palabras y mirada distinta a la de él con el acto mencionado. Sostiene Marcotullio que un doctorado Honoris Causa no es un premio a la fama o a la popularidad, sino a un aporte real y concreto a la cultura, a la ciencia o a la sociedad, realizado por el trabajo y trayectoria de una persona en particular. Coincido con él hasta ese punto, porque - posteriormente - repudia la decisión de la UBA de otorgar dicho título a Carlos “El Indio” Solari, a quien define como: “cantante y letrista, fenómeno cultural y contracultural, con enorme arrastre emocional”. Le molesta el perfil coherentemente disruptivo que Solari siempre tuvo, alejado de todo cínico montaje institucional y protocolar. Le molesta esta distinción, por considerarla oportunista y politizada, cuando no hay muchos artistas que tengan tan en claro como lo tiene Solari, que todo lo que hacemos y otros hacen en lo comunicacional, es política, como - por ejemplo - los Premios Nobel de la Paz a Barack Obama, en su momento, o a Corina Machado, hace unos días. El primero concluyó su mandato como Presidente de EEUU cargando con más de dos millones de vidas humanas por las guerras por él promovidas; la segunda, un juguete del desesperado imperio yanqui por manotear las reservas de petróleo y gas de la hermana República Bolivariana de Venezuela). Ni qué decir del Nobel de Literatura otorgado en 2016 al poeta y músico Bob Dylan, distinción que ni el mismísimo Jorge Luis Borges pudo obtener. Finalmente y, no sé si para bajarle el precio a Solari o en la intención de mostrar su verdadero gusto musical y artístico, sugiere que Palito Ortega (el que cantaba la felicidad, ja ja ja, en plena dictadura), Fito Páez, Abel Pintos, Luciano Pereyra o Fabiana Cantilo también serían merecedores de este reconocimiento debido a su popularidad, terminando de confirmar la confusión del lector Marcotullio, porque a Solari y sus letras se lo puede estudiar desde la sociología, desde la música, desde la poesía y desde la filosofía, mientras que los mencionados por él en su carta son marcas registradas del consumismo individualista, vacío y comercial que, a diferencia de las letras de Solari (que marcan y asumen posiciones políticas), se caracterizan por ser eventualmente melosas, redundantes, festivaleras, sin la belleza de las metáforas pensadas con creatividad y sin un mensaje político evidente, pero absolutamente politizados, asumiendo la posición que el mercado impone. La vida, con sus ejemplos cotidianos, sigue ratificando que toda vez que una persona sugiere “no politizar” alguna actividad humana (originada en forma individual o colectiva), es porque políticamente está en las antípodas de la parte que critica o repudia, sin capacidad para contrarrestar la acción fuerza, con argumentos desde lo sociológico, lo filosófico y lo político..
Javier Ernesto Guardia Bosñak
Javierucr1970@gmail.com
Nacer juntos, vivir en paralelo
Hoy sábado cumplimos años mi hermano Lucas y yo. No somos solo hermanos; somos mellizos. Y en cada año, esta condición se transforma en una metáfora poderosa sobre la vida. Nacer el mismo día nos enseñó, desde el principio, que la existencia es un fenómeno compartido. Que nadie llega al mundo completamente solo. Pero también nos reveló temprano que la identidad no es un hecho único, sino un diálogo: ser “uno de dos” te obliga a preguntarte quién sos, en contraste y en complicidad. Ser mellizos es compartir historia, pero no necesariamente los mismos sueños; tenemos raíces entrelazadas, pero ramas que buscan luz en distintas direcciones. Este cumpleaños me encuentra reflexionando sobre el tiempo. Para nosotros, el calendario es un recordatorio doble: de lo que hemos vivido juntos y de lo que hemos vivido por separado. Las experiencias, los logros y las pérdidas no llegan al mismo ritmo ni de la misma manera, pero se celebran en la misma fecha. Hoy sábado, al soplar las velas, no solo deseamos cosas. Agradecemos este diseño peculiar de la existencia que nos dio, desde el primer día, un espejo y un compañero de viaje. Y nos preguntamos, en voz alta, si todos (mellizos o no) llevamos dentro a ese “otro” con quien conversar, con quien reconciliarnos, y con quien, al fin, seguir caminando. Porque al final, quizás el mayor regalo de nacer juntos no es parecerse, sino aprender (a través del otro) a ser uno mismo.
Nicolás Medina Jiménez nicomedina177@gmail.com














