Hace 200 años un terromoto azotó Trancas

Sucedió el 19 de enero de 1826. Edmond Temple, un viajero inglés, relató el episodio de primera mano. La iglesia quedó destruida.

LA ILUSTRACIÓN. Mientras retiran los escombros, de fondo se ve el estado en el que había quedado la iglesia luego del terremoto. LA ILUSTRACIÓN. Mientras retiran los escombros, de fondo se ve el estado en el que había quedado la iglesia luego del terremoto.
Carlos Páez de la Torre H
Por Carlos Páez de la Torre H 21 Enero 2026

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El viajero inglés Edmond Temple recorrió el norte argentino en 1826 y dejó escritas sus impresiones en un interesante libro editado en Londres en 1830, y del cual la Universidad de Tucumán extractó y publicó varios capítulos en 1920. Allí está una vívida crónica del terremoto que azotó la zona de Trancas y que dio por resultado el derrumbe de la iglesia parroquial de la época, o sea la hoy conocida como “de Trancas Viejo”, que es monumento histórico nacional.

Temple llegó a Trancas cuando ya había ocurrido el terremoto, de modo que pudo ver solamente sus efectos. Pero recogió las versiones sobre el momento del suceso, que tuvo lugar el 19 de enero de ese 1826, tres o cuatro días después de una “tremenda tempestad”.

Pocos minutos antes de la salida del sol, le contaron, fue el primer y ruidoso movimiento de tierra, “que duró pocos segundos, haciendo que las puertas se abrieran y que cayeran diversos objetos del mobiliario”. Fue la señal “para que los habitantes huyeran de sus casas, saliendo al aire libre”.

PORTADA. El libro que publicó Temple en Inglaterra cuatro años después de su viaje a esta región. PORTADA. El libro que publicó Temple en Inglaterra cuatro años después de su viaje a esta región.

Vino luego una pausa, de dos o tres segundos. Luego, “recomenzó el ruido con un violento movimiento de balanceo, que continuó por un minuto, y a ese tiempo la iglesia y varias casas se desplomaron. Después de un lapso de media hora, otra sacudida destruyó la mayoría de las casas restantes; y durante todo ese día, hasta las 10 de la noche, varias sacudidas sucesivas completaron la destrucción del pueblo”, narra Temple.

Cuando él y sus compañeros arribaron a la plaza del hoy Trancas Viejo -tres semanas después del movimiento- lo primero que vieron fue “una cantidad de habitantes apartando las ruinas de su iglesia, cuyo frente se había derrumbado por completo, excepto una de las torres laterales, que estaba inclinada de una manera muy singular”.

El libro del inglés incluiría un ilustrativo dibujo de la iglesia en ruinas. Los vecinos le informaron que, luego del derrumbe, “los altares e imágenes que se pudo conseguir fueron sacados de entre las ruinas de la iglesia y erigidos en la calle, donde se organizaron procesiones y se hicieron votos y súplicas”.

Desde la iglesia, sigue Temple, “pasamos a través, podría decirse ‘por encima’ del pueblo desolado, pues excepto dos o tres casas tambaleantes y muchas paredes vacilantes, todo era una confusa masa de escombros”. Agrega que “era un espectáculo lastimoso ver a los habitantes alrededor de sus viviendas derruidas, con los rasgos del terror y el desmayo pintados profundamente en todos los rostros...”

No era el primer terremoto que abatía el templo. Ya había ocurrido uno en 1819, y su párroco, el doctor Miguel Martín Laguna, lo había reconstruido a su costa. Ahora hubo que hacerlo nuevamente, tarea que estuvo a cargo del maestro Gabriel Dávila.

› Análisis

Dos joyas

Por Guillermo Monti

A 200 años del terremoto que asoló Trancas, el maravilloso e infinito Archivo de LA GACETA nos proporciona dos joyas. En primer lugar, la crónica de Carlos Páez de la Torre (h), publicada en “su” sección Apenas ayer. Es la que brindamos en esta página. Y por otro lado, una copia del libro de Edmond Temple en el que recopiló sus experiencias durante aquel viaje por América del Sur.

De allí está extraída la ilustración de la iglesia derruida y de la gente removiendo los escombros. Páez de la Torre trabajó mucho sobre ese texto, en el que Temple cuenta cómo era la vida en Tucumán durante una época de la que existen escasos registros. Para conocer y disfrutar.

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