San Martín avanzó en la Copa Argentina: lo que la clasificación por penales no alcanzó a maquillar

  • San Martín de Tucumán avanzó a 16avos de la Copa Argentina tras vencer por penales a Estudiantes de Río Cuarto en Córdoba, pese a su falta de gol y problemas de juego asociado.
  • El DT Andrés Yllana alineó un once alternativo que mostró solidez defensiva, pero evidenció graves falencias para generar jugadas de peligro y efectividad en los metros finales.
  • Aunque la clasificación brinda alivio económico, el equipo debe mejorar su volumen de juego y puntería ofensiva si pretende lograr el objetivo principal de ascender a Primera.

POCAS LUCES. A pesar de la expectativa que generó su llegada, Luciano Ferreyra aún no logra deslumbrar en San Martín. Hoy tuvo su oportunidad, pero pareció no aprovecharla con creces. POCAS LUCES. A pesar de la expectativa que generó su llegada, Luciano Ferreyra aún no logra deslumbrar en San Martín. Hoy tuvo su oportunidad, pero pareció no aprovecharla con creces. ARIEL CARRERAS / ESPECIAL PARA LA GACETA

Más allá de la clasificación por penales y del desahogo que significó el festejo final en Córdoba, el partido de San Martín expuso con crudeza una herida que todavía no cierra. Al “Santo” le cuesta demasiado generar situaciones de peligro, pero sobre todo eficacia para convertirlas. La Copa Argentina le dio el guiño de la suerte, y la jerarquía de sus pateadores le permite seguir en carrera. Sin embargo, el análisis frío de los 90’ deja una libreta llena de anotaciones para Andrés Yllana.

El DT pateó el tablero desde el arranque. En una decisión audaz (y necesaria por el desgaste físico), armó un equipo completamente diferente respecto al que había igualado contra Chacarita. No repitió ni un solo nombre; fue un San Martín de laboratorio, con piezas que buscaban minutos y protagonismo. Pero más allá de todo terminaron evidenciando que, sin importar los nombres el problema de la falta de juego asociado es un mal que atraviesa a todo el plantel.

Desde lo táctico, la apuesta de San Martín fue clara pero incompleta. El equipo se plantó con la intención de recuperar la pelota en la zona media para saltar rápido sobre el área de Estudiantes de Río Cuarto. La idea era transiciones directas; robo, verticalidad y golpe. Pero el plan se desmoronaba apenas el “Santo” cruzaba la línea de tres cuartos. Le faltó peso específico en el área, decisión para romper líneas y, principalmente, la precisión necesaria para que ese “salto” no termine en un pelotazo intrascendente o en una pérdida evitable.

El déficit de este San Martín alternativo radicó en la toma de decisiones. En los metros finales, allí donde se ganan los partidos y se justifica el dominio, el equipo fue lento de mente y de piernas y demasiado previsible. Cada vez que logró progresar, la jugada se diluyó por un pase mal entregado, un centro sin destino o la famosa “una de más”. Esa falta de “punch” y de velocidad para lastimar a una defensa que por momentos ofrecía espacios, es lo que sigue desvelando a todos en Bolívar y Pellegrini.

Lo positivo, y lo que le permite a Yllana trabajar con cierta calma, es que el equilibrio defensivo no parece estar en discusión. Pese a los 11 cambios, San Martín no sufrió demasiado en su propio arco. El bloque bajo se mostró sólido, ordenado y con relevos aceitados que impidieron que el conjunto cordobés pudiera sentirse cómodo.

Pero en el fútbol moderno, y más para un equipo con la exigencia de San Martín, ser ordenado atrás es apenas el piso mínimo; el techo lo pone la capacidad de dañar al oponente.

El partido en Córdoba fue un recordatorio de que Yllana debe seguir ajustando detalles, pero sobre todo, tiene la misión urgente de encontrar las sociedades. Faltan esos circuitos de juego, esos “socios” que se encuentran de memoria en los metros decisivos; porque sin volumen de juego asociado, San Martín termina dependiendo de un arresto individual o de la fortuna en una pelota parada, algo que hasta el momento resulta insuficiente.

La clasificación a los 16avos de final es un bálsamo económico y anímico. Es también un recreo necesario en medio de la tensión de la desgastante Primera Nacional. Sin embargo, en Bolívar y Pellegrini, nadie se encandila con los flashes de la Copa Argentina. Todos saben perfectamente cuál es el verdadero y único objetivo: el ascenso. Para llegar a ese destino, el equipo necesita evolucionar. No se puede pretender ser protagonista si el área rival sigue siendo un territorio ajeno y si la generación de juego es todavía una materia pendiente.

Yllana tiene material y ahora también tiene el alivio de haber pasado de fase, pero el tiempo de las pruebas empieza a agotarse. El desafío es transformar ese orden defensivo en una plataforma de lanzamiento efectiva. San Martín clasificó, pero el análisis advierte que, para pelear en serio por el retorno a la Liga Profesional, deberá aprender a traducir sus intenciones en goles. El camino sigue, pero la eficacia no puede esperar más.

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