Dólar versus inflación, el dilema de Caputo

Los U$S8.000 millones aprobados alivian la presión, pero el mercado duda de su suficiencia. El "crawling peg" del 1% mensual parece insostenible.

Dólar versus inflación, el dilema de Caputo

Luis Caputo juega con fuego. Es un trader, más que un ministro de Economía y Producción. Trata de cambiarle el humor al mercado, pero a la vez también pone en aprietos al FMI. Dice que el acuerdo incluirá dólares de libre disponibilidad para la Argentina, más allá de lo que se diga en Washington. En realidad, desde el momento en que esas divisas ingresan al Banco Central ya están en poder del Estado argentino. No miente, pero fuerza el escenario a tal punto de llegar al borde de la ruptura. Es el jugador que quiere Javier Milei para hacer ruido, tanto como él con la motosierra. Para accionarla está Federico Sturzenegger, un ministro de Economía en las sombras vestido de Desregulador y Transformador del Estado. Las paradojas de la política: Caputo le mete presión al Fondo, un organismo que puso a Sturzenegger dentro de un consejo asesor interno.

La macroeconomía trata de estabilizarse; la microeconomía, en tanto, da sus primeras señales de salida de la crisis. El dato de la pobreza fue un bálsamo para un Gobierno que aspira a sostener a la baja al Índice de Precios al Consumidor (IPC). Sin embargo, la nueva política tiene las viejas mañas. En la Casa Rosada están dispuestos a pisar las tarifas con tal de no cambiarle el humor a la sociedad, una receta que a las anteriores gestiones les vino de perillas en tiempos electorales.

Un reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) ha puesto blanco sobre negro respecto de aquello que los analistas y operadores del mercado no quieren decir abiertamente por temor a represalias oficiales: el gobierno ha utilizado la apreciación cambiaria como una herramienta para contener los precios, en particular, los de los alimentos que componen la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Esta estrategia, según la entidad, permitió una desaceleración de la inflación en el corto plazo y, en consecuencia, una reducción en la medición de la pobreza. Si bien es una estrategia válida, depende del éxito del sostenimiento de la actual política de apreciación cambiaria. De allí la premura de Caputo por contar con los dólares necesarios para contener la demanda de divisas.

Ahora bien, si la apreciación no se sostiene por la creciente demanda de dólares y el gobierno se ve obligado a devaluar por falta de reservas, los precios -especialmente los de los alimentos, altamente sensibles al tipo de cambio- subirían de manera abrupta, advierte el CEPA. En ese escenario, los ingresos quedarían rezagados frente al costo de vida, lo que podría generar un nuevo salto en los niveles de pobreza e indigencia.

En otras palabras, la baja de la pobreza basada en la apreciación cambiaria depende de la estabilidad del tipo de cambio, lo que está puesto en duda por el mercado recientemente.

De todo esto se desprende ese dilema que se percibe en el quinto piso del Palacio de Hacienda: dólar versus inflación. El apetito por dolarizar carteras o portafolios persiste. Nadie sabe qué puede llegar a suceder con la microdevaluación administrada al 1% mensual (“crawling peg”). En el mercado hay consenso en afirmar que ese esquema desaparecerá y que es más probable que la Argentina se dirija hacia un esquema de bandas, es decir, un mínimo y un máximo en la cotización testigo.

Los contratos de dólar futuro terminaron siendo como un termómetro que toma la temperatura de mercado y, a la vez, marca aquellas bandas en el esquema propuesto por el Fondo, pero no aceptado por la administración Milei. El valor de referencia, como mínimo, puede ubicarse en $ 1.170, lo que descuenta que el salto cambiario es mayor al que se prevé con el “crawl”. El máximo, en ese contexto de especulaciones, debería situarse idealmente entre un 5% y un 10% más que aquel valor.

Visto bueno

Las noticias siguen llegando desde los Estados Unidos. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha dado su visto bueno para que la Argentina reciba el 40% del desembolso estimado en el marco del nuevo entendimiento. El dilema de los hombres de negocio era si esos U$S 8.000 millones serían suficientes para contener la demanda de dólares y, a la vez, pagar los compromisos con los importadores. Entonces, las miradas apuntan hacia la balanza comercial. E interrogan: ¿qué harán los exportadores? Las liquidaciones de la cosecha gruesa no son las estimadas. A tal punto que un referente del sector privado nacional llegó a decir que hasta cuándo seguirá ese freno, tomando en cuenta que se liquidan por 20.000 toneladas en vez de las 300.000 toneladas proyectadas. “El campo, como otros muchos sectores de la economía, ha decidido esperar a ver qué pasa”, argumenta, esperando una resolución del acuerdo hasta dentro de 20 días.

Las señales también son internas. Tras 11 ruedas negativas, el Banco Central volvió ayer a comprar divisas, mientras que las reservas brutas internacionales aumentaron U$S 384 millones, hasta los U$S 25.436 millones. Ese cambio de tendencia es fundamental para que el Gobierno despeje las expectativas devaluatorias. El mercado actúa por emociones y hoy las tensiones ponen nerviosos a los operadores. En una reciente entrevista, la economista Marina Dal Poggetto alertó que “se está entrando en zona donde faltan dólares” y expuso que “el hecho de que se haya generado incertidumbre sobre la sostenibilidad de este esquema cambiario provocó que el carry trade se te empiece a apagar”. Precisó, además, que “los importadores quieren pagar, los exportadores frenan la liquidación y estás en una situación donde la expectativa es que haya rápido alguna noticia en torno al FMI y en el medio un mercado que no sabe bien para dónde dirigirse”.

El gobierno buscará llegar a las elecciones profundizando su principal logro: la baja de la inflación, exhibiendo también otras dos anclas que sostienen el barco libertario, que son la monetaria (sin emisión de moneda) y la fiscal (potenciada por la motosierra aplicada en el gasto público).

Caputo sabe que su pericia en la negociación dependerá, en gran medida, el resultado de las elecciones para La Libertad Avanza. La estabilización cambiaria es prácticamente una obligación para él. Sabe que para eso debe cerrar el grifo en las ventas de dólares por parte del Banco Central, además de potenciar la posición negociadora de la Argentina ante el Fondo Monetario Internacional.

Como señala el último reporte de CREA, aún resta conocerse el contenido del acuerdo en cuanto a plazos, montos y condiciones. En ese sentido, presiones del organismo en torno a la modificación del esquema cambiario pueden explicar parte de la inestabilidad de las últimas ruedas. En un año electoral donde el Gobierno necesita revalidarse partiendo de una situación sumamente débil en materia legislativa, serán especialmente importantes los tiempos acordados para la salida del cepo cambiario y las reglas bajo las cuales se regulará el mercado cambiario. Esa es la misión que Milei le encomendó a Caputo.

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