ENSAYO
EL PERIODISMO ES LINDO PORQUE SE CONOCE GENTE
CARLOS ULANOVSKY
(Marea - Buenos Aires)
Carlos Ulanovsky (Buenos Aires, 1943) nada le debe al periodismo. Por lo contrario, el periodismo debe gratitud a un maestro de maestros, cultor de todos los géneros, pero sobre todo el que honra en un libro que reúne más virtudes que las mínimas de la agilidad, la prosa cuidada y llevadera: el periodismo escrito.
El periodismo que supo gestar, crepitar y brillar en las redacciones. El periodismo, sea dicho, que está en vías de desaparición, pero que da lucha y persevera con las herramientas que lo hicieron grande.
El periodismo escrito es hoy una verdadera fuente de resistencia. De hecho, el propio rito tucumano de la lectura de LA GACETA en versión papel o digital y el espacio literario del que este humilde escribidor se siente parte, se corresponden con la dignidad de esas flores nacidas en un pantano y cuyo valor simbólico no se mide, precisamente, con la vara del mero consumismo al garete en nombre de una presunta modernidad.
Urge subrayar que no se tratará aquí de abogar por el regreso a la Edad de Piedra. No todo de lo nuevo es desechable, ni todo lo añejo es digno de una melancolía capaz de acomodar las cosas según la relación que se lleve con los almanaques.
Pero hete aquí que, en todo caso, Ulanovsky sazona una cierta melancolía movido por el afán de una clara vindicación de un género que concibe esencial, inolvidable, irrepetible, sin caer en la tentación fácil del señor de dos siglos que vive aferrado al farol cual si fuera un tanguero de los años 40 del siglo XX. ¡No, señor! Este Ulanovsky auténtico narra e invita a narrar con sus brebajes preferidos: la sonrisa, la picardía, el sarcasmo y la ironía, que jamás deberán ser confundidos con el ejercicio canalla del cinismo.
La picardía
El título del libro ofrece un entre paréntesis (“y otras picardías”) que atañen al meollo de la cuestión y que el distinguido prologuista, Sergio Olguín, pone negro sobre blanco en el primer párrafo de su generoso texto. “Yo creo que la picaresca está en el gen del oficio de periodista”.
Y de eso, de reverberar y abundar en la noción de picardía se encarga Ulanovsky a caballo de sus propios conceptos y de decenas de entrevistas que amén del tinte autobiográfico de los entrevistados ofrecen un anecdotario igual de profuso que de jugoso. Vaya un botón de muestra: como cuando un redactor de la sección Deportes del diario Clarín se resistía a cortar líneas de su texto, hasta que su célebre e hilarante jefe, Juan de Biase, perdió la paciencia y le espetó: “Escuchame: se cortó el himno nacional, mirá si no se va a poder cortar tu nota”.
Por último, se vuelve pertinente disipar malentendidos: Ulanovsky toma distancia de quienes puedan relacionar la picardía con alguna variante de la maldad, de la impostura o de la abierta trampa. Después de 62 años en las arenas del periodismo, Ulanovsky ha concluido que la picardía bien puede ser la quintaesencia del periodismo escrito, o del periodismo, a secas.
Escribe el maestro Ulanovsky: “Ya viene la inteligencia artificial para darse dique frente a los ignorantes naturales. Llegará el momento en que nos va a pasar por encima, pero nadie le podrá pedir picardía. Eso en los laboratorios no se consigue”.
© LA GACETA
Perfil
Carlos Ulanovsky integró las redacciones de Confirmado, Panorama, La Opinión, Satiricón, Noticias, Clarín, Humor, El Porteño, Página/12, La Maga, Perfil y La Nación Revista. En México trabajó en Proceso, Interviú, Unomásuno y El Universal. Fue docente de la en la UBA y cofundador de TEA. Publicó 23 libros.
El periodismo es lindo…*
Por Carlos Ulanovsky
He aquí un libro tributo, reconocimiento a un oficio que -bien, muy bien, mucho, poco- me garantizó el sustento desde hace 62 años. Y que también procura iluminar con las mejores luces a los que considero los principales capitales de quienes alguna vez lo aprendimos y supimos complementar y aumentar desde la práctica: olfato, intuición, presentimiento, curiosidad, visión periférica, sentido de la oportunidad, corazón para mirar más allá y, en pocas o muchas líneas o caracteres, describir acontecimientos, asuntos complejos, vidas que se conviertan en saberes, sentimientos, ideas. Y, se cae de maduro, saber que cualquier escritura aceptable y respetable lleva verbo, sujeto y predicado. Todo junto, sumado, cercano y disponible, constituye una forma única de ser culto. Obvio que jamás reemplazará lo que se obtiene acumulando lecturas de libros que quedan para siempre y agigantan el lenguaje, la interpretación de lo que nos rodea, los conocimientos, la memoria. Además de todas las características ya presentadas, el periodista no debe temerles a cualidades como inventiva y exageración y, de una buena vez, aceptar que en cada uno de nosotros anida un cholulo. Algo que no debe dar pudor, sino admitir el buen y práctico ejercicio del “cholulismo”. Con eso también tiene cercanía el título del libro. Sí, es cierto. “El periodismo es lindo porque se conoce gente” es un dicho irónico, incluso con una dosis de escepticismo, pero cercano a la verdad.
*Fragmento.



















